
CIENCIA
España innova con un ‘horno’ que recupera la basura electrónica: consigue oro, plata o cobre de forma eficiente
Los móviles antiguos y ordenadores rotos que acaban en la basura o guardados en un cajón esconden en su interior materiales muy valiosos. Según el informe del Observatorio Internacional sobre Residuos Electrónicos de la ONU del año 2024 , en España se generan al año casi 930.000 toneladas de residuos electrónicos, un dato que nos sitúa sextos en Europa.

El problema es que menos de la mitad de estos equipos se recicla correctamente. Para dar una segunda vida a estos componentes, el Centro Nacional de Investigaciones Metalúrgicas del CSIC acaba de inaugurar en Madrid la primera planta piloto del continente capaz de extraer valiosos materiales como el cobre, plata o platino, directamente de los dispositivos desechados.
Un “horno” a más de 1.200 grados
Este proyecto es fruto de la colaboración entre el CSIC y las empresas Atlantic Copper y Glencore Technology. Juntos han creado un horno de lanza sumergida que supera los 1.200 grados de temperatura y que ya ha logrado demostrar su eficacia en la extracción de metales. A diferencia de los sistemas tradicionales, esta máquina inyecta oxígeno y combustible dentro del material fundido. Esto genera unas fuertes turbulencias que mezclan y homogenizan el material, acelerando las reacciones químicas con una mayor eficiencia energética.
El sistema es muy práctico porque no hace falta triturar ni secar los residuos antes de meterlos. Todo se basa en un proceso conocido como ISASMELT, que separa los materiales por su peso. Al fundirse toda la mezcla, los metales más valiosos se hunden hasta el fondo del reactor por ser más densos y la parte no metálica se queda flotando en la superficie, facilitando mucho su extracción.
🖥️El #CSIC inaugura una tecnología pionera en #Europa
que recupera metales estratégicos de residuos electrónicos
🔥Un horno del @CSICCENIM obtiene plata ,
cobre o platino de móviles y ordenadores
🌍Reducirá la dependencia europea en materias críticas
La solución para un problema urgente
En el año 2022 el mundo generó 62 millones de toneladas de residuos tecnológicos, un 82% más que en 2010, y se espera llegar a los 82 millones en 2030. Europa lidera este triste ranking con 17,6 kilos de residuos por habitante, de los cuales solo se recuperan 7,3 kilos. Hablamos de unas 13 millones de toneladas anuales que, al no gestionarse bien, suponen tirar a la basura cerca de 16.340 millones de euros cada año.
Esta iniciativa se enmarca dentro de la nueva Ley de Materias Primas Críticas de la Unión Europea. La normativa exige que para 2030 al menos un 25% de estos materiales provenga del reciclaje. Actualmente Europa depende en su mayoría de comprar estos recursos a un único proveedor, China. Es por eso que ese hito tecnológico contribuye de manera directa a reforzar la autonomía estratégica de la Unión Europea.
El CSIC inaugura una tecnología pionera en Europa que recupera metales estratégicos de residuos electrónicos
Horno vertical de lanza sumergida del CENIM-CSIC. /
Félix Antonio López (CENIM-CSIC)
El CENIM-CSIC ha realizado con éxito la primera colada experimental de ‘basura’ electrónica mediante un horno avanzado que permite recuperar minerales como cobre, plata o platino
El Centro Nacional de Investigaciones Metalúrgicas (CENIM) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), organismo adscrito al Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, ha logrado con éxito la primera colada experimental de metales obtenidos a partir de residuos electrónicos. El avance se ha conseguido gracias a la tecnología de fusión aplicada en un horno vertical de lanza sumergida: la inyección de combustible y oxígeno con una lanza en el interior de la escoria fundida permite separar los metales de forma sencilla y limpia. Este hito tecnológico, resultado de una colaboración público-privada, permitirá reforzar la autonomía estratégica de la Unión Europea.
El protagonismo de la planta piloto inaugurada por el CENIM-CSIC para la recuperación de metales críticos reside en su horno de lanza sumergida. Se trata de un reactor donde se funden los residuos electrónicos a temperaturas extremas, por encima de los 1.200 grados. “En los hornos tradicionales, el calor se aplica desde fuera, por lo que tarda en llegar al interior”, aclara Félix Antonio López, investigador del CENIM-CSIC. Posteriormente, se introduce una lanza metálica con la que se inyecta oxígeno y combustible dentro del material fundido, lo que genera una turbulencia que mezcla y homogeniza el material. “La inyección de oxígeno y combustible en el interior del líquido, y no por encima de él, acelera las reacciones químicas, mejora la eficiencia energética y permite procesar materiales heterogéneos”, añade.
Los residuos complejos contienen distintos metales mezclados, como ocurre en los residuos electrónicos. La capacidad del horno para separarlos se basa en el distinto comportamiento de cada metal, según su densidad y propiedades. “Una vez fundidos, el cobre y los metales preciosos, como el oro o la plata, tienden a hundirse en el fondo del reactor. Por su parte, los materiales no metálicos, es decir, la escoria, flota en la superficie”, explica López. Esta separación natural por densidad permite extraer los metales estratégicos de forma sencilla.
La primera colada experimental realizada por el equipo del CENIM ha permitido comprobar la capacidad de esta tecnología para recuperar minerales críticos de residuos electrónicos con un mayor aprovechamiento del material y un menor impacto ambiental.
Este avance ha sido posible gracias a la colaboración público-privada del CENIM-CSIC con las empresas Atlantic Copper, tercera fundición en Europa, y Glencore Technology, especializada en el desarrollo de tecnologías metalúrgicas avanzadas. “Una cooperación entre ciencia e industria que ha permitido trasladar el conocimiento generado en el ámbito de la investigación pública a un entorno tecnológico cercano a la aplicación industrial”, destaca el investigador del CENIM.
Un avance clave para la autonomía europea
Europa genera cada año millones de toneladas de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos , como teléfonos móviles, ordenadores, electrodomésticos o equipos industriales. Estos residuos contienen cobre, materiales preciosos, como oro, plata y platino, y otros minerales estratégicos necesarios para la fabricación de tecnologías vinculadas a la transición energética , la digitalización y la industria avanzada. Sin embargo, una parte muy significativa de estos metales no se recupera, advierte López. Como consecuencia, su valor se pierde o se aprovecha fuera del continente.
Ahora, la investigación del CENIM-CSIC demuestra que es posible tratar estos residuos en Europa. La utilización de tecnologías avanzadas permite recuperar metales de alto valor y evitar que tanto los residuos como los beneficios económicos asociados a su transformación salgan del territorio europeo. Este avance contribuye de forma directa a reforzar la autonomía estratégica de la Unión Europea, reduciendo la dependencia de materias primas procedentes de terceros países y transformando residuos en recursos clave para la propia economía europea.
El impacto en la industria
Para Félix Antonio López, más allá del avance científico, el desarrollo tiene un claro impacto industrial: “Permite avanzar hacia un modelo en el que Europa no solo gestiona sus residuos electrónicos, sino que extrae de ellos materias primas de alto valor y las reincorpora a su propio sistema productivo”. El investigador del CENIM considera que esto supondrá la creación de empleo, fortalecerá las capacidades industriales y asegurará que el valor añadido, generado por la recuperación y transformación de estos metales, permanezca en la UE.
Este hito refuerza el papel de la investigación pública como motor de innovación industrial y sostenibilidad, y demuestra que la ciencia ofrece soluciones reales a retos estratégicos como la gestión de residuos, la seguridad de suministro de materias primas y la competitividad de la industria europea.
“Este avance demuestra la capacidad de Europa para transformar sus residuos electrónicos en una fuente propia de metales críticos y estratégicos, asegurando que el valor económico e industrial asociado a estos materiales se genere y permanezca en el continente”, concluye López.
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