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sábado, 12 de septiembre de 2026

NATIONAL GEOGRAPHIC 250 (NATIONAL PRESENT) (El mito detrás del cantar de Mio Cid)

 

 

 

Ya estoy aquí con otra sesión de (NATIONAL PRESENT)de la sección de NATIONAL GEOGRAPHIC. 

 

Esta semana toca hablar El mito detrás del cantar de Mio CidEsta semana conoceremos los orígenes del cantar de Mio Cid en la nueva entrada de NATIONAL GEOGRAPHIC vamos a conocer más sobre estar cantar tan famoso. 

 

 El mito detrás del cantar de Mio Cid

 

Mio cid, el apelativo con el que se conoce a Rodrigo Díaz, es la adaptación romance del 

título andalusí sídi, formado con síd «señor», y el sufijo posesivo -i, «mío».shutterstock

 

Este personaje histórico se convertiría en mito literario gracias al poema épico que recibió su nombre.

 

Rodrigo Díaz, más tarde llamado «de Vivar», fue un personaje histórico excepcionalmente bien documentado para su época, incluso dentro del restringido grupo de personajes que por entonces podían aspirar a protagonizar una crónica, no digamos ya una biografía, como eran reyes, santos o, en algún caso, obispos. Es más, conservamos su firma autógrafa, ego ruderico («yo Rodrigo»), así como la de su esposa, doña Jimena, ego eximina («yo Jimena»), en sendas donaciones a la catedral de Valencia en 1098 y 1101. Sin embargo, pese a la relevancia de su figura histórica, Rodrigo ha pasado a la posteridad sobre todo como héroe épico y, en definitiva, como mito literario.

La figura de Rodrigo el Campeador, como es denominado en las fuentes coetáneas, se convirtió pronto en personaje literario, empezando por las invectivas que le dedicaron los poetas árabes de Valencia, que aquél rindió por hambre. En territorio cristiano, ya a finales del siglo XII, fue objeto de una biografía latina, la Historia Roderici, y de un himno, el Carmen Campidoctoris, en cuyo inicio se lo prefería a los héroes de la guerra de Troya: «Mas ¿qué gusto han de dar hechos paganos, / si por su gran vejez ya desmerecen? / Cantemos hoy del príncipe Rodrigo / nuevas las guerras».

Unos años antes, hacia 1150, otro texto latino, el Poema de Almería, mencionaba las tradiciones orales en torno a Rodrigo Díaz: «El mismísimo Rodrigo, llamado usualmente mio Cid, / de quien se canta que no fue vencido por los enemigos, / que domeñó a los moros y domeñó también a nuestros condes».

Quizá la expresión «de quien se canta» se refiera a cantares de gesta –los poemas épicos medievales en los que se referían hazañas de personajes legendarios o históricos–, aunque en esa época algo que «todos cantan» podía ser simplemente lo que andaba de boca en boca. A ello alude, sin duda, la indicación de que a Rodrigo se lo conocía «usualmente» como mio Cid, designación consagrada por la obra que lo catapultó definitivamente al olimpo literario, el Cantar de mio Cid.

Éste se compuso en algún momento del siglo XII; antes, en todo caso, de mayo de 1207, cuando Per Abbat (según escribe él mismo al final del texto) copió el manuscrito que sirvió de modelo al códice del siglo XIV hoy conservado. Se ha discutido mucho sobre la fecha de composición del poema, que se ha movido en un arco que va de 1140 al mismo 1207. La primera fecha se basa en considerar que el Poema de Almería se refiere al cantar que conocemos. La segunda tiene como base el final del manuscrito, pero esta anotación («Per Abbat le escrivió») se refiere a la labor del copista, no del autor.

Finalmente, hay una serie de elementos, tanto de cultura material como históricos, que apuntan a la última década del siglo XII. En cuanto a la autoría, descartado Per Abbat, no hay nada seguro. Aquí el espectro de posibles autores del Cantar que se ha propuesto va desde el errante juglar analfabeto hasta el erudito encerrado en una biblioteca monástica.

Probablemente la realidad esté en un punto intermedio, pues si bien cabe que su autor fuese un juglar profesional, como sugiere su formada capacidad poética, todo apunta a que poseía además un nivel notable de conocimientos jurídicos y un léxico con ecos del latín de la iglesia y de los tribunales. El hecho de que el poema conjugue elementos de las dos vertientes de la cultura medieval, la escrita y la oral, la latina y la vernácula, responde al perfil de alguien que en la época era calificado de quasi litteratus, «casi letrado».

¿Qué tipo de héroe es el Cid? En el célebre soliloquio que comienza «Ser o no ser», el Hamlet de Shakespeare se pregunta «si es más noble sufrir en el ánimo / las andanadas y los flechazos de una fortuna atroz / o tomar las armas contra un mar de calamidades / y, enfrentándose a ellas, darles fin». La primera actitud tiene un componente de resignación ascética, próxima al patetismo del héroe trágico.

La segunda, en cambio, es la propia de un Aquiles, un Héctor o un Ulises, incluso aunque pueda caer en la empresa. No en vano, en su Poética, Aristóteles definía la poesía épica como la representación narrativa de alguien esforzado (spoudaîos). Ese personaje que no se pliega ante las adversidades, sino que se crece ante ellas e intenta superarlas, es el héroe épico. Y al Cid, justamente, no le faltan calamidades a las que enfrentarse.

 

El héroe esforzado

Su primera prueba es el destierro decretado por su rey,Alfonso VI, que lo obliga a abandonar sus casas, con las «perchas vacías, sin pieles y sin mantos, / sin halcones y sin azores mudados». Ante este desolado panorama, el héroe no pierde el ánimo, además de saber reconocer a sus verdaderos enemigos, los envidiosos cortesanos que han cegado el buen juicio del rey: «Suspiró mio Cid, por los pesares abrumado, / habló mio Cid bien y muy mesurado: / “¡Gracias a ti, Señor, Padre que estás en lo alto! / ¡Esto han tramado contra mí mis enemigos malvados!”».

Toda la primera trama del Mio Cid consiste en los esfuerzos de Rodrigo para convencer a don Alfonso, su «señor natural», de que le devuelva su favor y lo reintegre a la corte. Tras muchas aventuras, que incluyen la derrota del conde de Barcelona y del rey de Marruecos, el Cid logra asentarse en la capital levantina: «Con afán gané Valencia y la tengo en propiedad». El héroe se halla en la cumbre del éxito, como él mismo señala al poco de la toma de Valencia, dirigiéndose a su sobrino Álvar Fáñez, conocido con el sobrenombre de Minaya: «¡Gracias a Dios, Minaya, y a Santa María, su madre, / con muchos menos salimos de la aldea de Vivar! / Ahora tenemos riqueza, más tendremos adelante».

Pero bien sabían los medievales que la fortuna siempre es mudable y, cuando menos se espera, otra vuelta de su rueda vuelve a derribarte. Así, en la segunda trama del cantar, la desgracia viene de donde menos cabía esperar. Incluso el avezado catador de agüeros que era el Campeador (rasgo que el personaje histórico le presta al literario) se despista al apreciar las señales adversas que preceden al viaje de sus hijas, doña Elvira y doña Sol, junto a sus yernos, los infantes de Carrión: «Lo vio en los agüeros el que en buena hora ciñó espada / que estos casamientos no estarían libres de mancha; / no se puede arrepentir, pues casadas están ambas».

¿Cómo iba a imaginarse el bueno del Cid que esa «mancha» sería un ultraje directo de los infantes a sus propias hijas? Así se lo explican a las víctimas sus mismos agresores: «Tened por seguro, doña Elvira y doña Sol, / que seréis escarnecidas aquí, en estos fieros montes; / hoy nos separaremos y seréis abandonadas por nosotros, / no tendréis parte en las tierras de Carrión. / Irán estos recados al Cid Campeador, / nosotros vengaremos con ésta [afrenta] la del león». Siendo huéspedes del Cid en Valencia, los infantes fueron objeto de burlas al huir aterrados de un león propiedad del Campeador, que se había escapado, y ahora, en el robledal de Corpes, se vengan desnudando a sus hijas y azotándolas.

Cuando el Cid recibe la noticia de la afrenta vuelve a reaccionar con entereza y decisión, con una paradójica expresión de gratitud similar a la que hemos visto al inicio del poema: «¡Gracias a Cristo, que del mundo es señor, / cuando tal honra me han dado los infantes de Carrión! / ¡Por esta barba que nadie nunca mesó, / no han de disfrutarla los infantes de Carrión, / que a mis hijas bien las casaré yo!». Siglos antes de que se pusiesen de moda las películas sobre juicios, el autor del Cantaradvirtió las posibilidades dramáticas de un proceso judicial y las puso al servicio de su héroe.

En la historia literaria, el héroe épico tiende a la desmesura. Si Aquiles es colérico, los héroes germánicos que se enfrentan a monstruos (como Sigfrido o Beowulf) o que acometen cruentas venganzas resultan como mínimo grandiosos. De haberse situado el Cid en esta línea de conducta, se esperaría de él que se rebelase contra su rey, primero, y que tomase una sangrienta represalia sobre los infantes de Carrión, después. En cambio, en ambos casos opta por ceñirse al derecho.

 

Lo cortés no quita lo valiente

Así, ante la ira regia, el vasallo exiliado actúa de acuerdo con los preceptos recogidos en fechas cercanas por el Fuero viejo de Castilla, enviando sucesivamente al rey una parte del botín, a fin de granjearse de nuevo su favor y propiciar el final del destierro y el retorno a la corte. Para reparar la afrenta de Corpes, el padre agraviado solicita del rey una reunión judicial de la corte, «y que así obtenga justicia de los infantes de Carrión».

Es allí donde los acusa formalmente, en uno de los momentos climáticos del viejo cantar: «La querella mayor no se me puede olvidar; / oídme toda la corte y afligíos con mi mal; [...] Si ya no las queríais, perros traidores, / ¿por qué las sacabais de Valencia, sus posesiones? / ¿por qué las golpeasteis con cinchas y espolones? / Abandonadas las dejasteis en el robledo de Corpes / a las fieras alimañas y a las rapaces del bosque. / ¡Por cuanto les hicisteis menos valéis vosotros! / Si bien no respondéis, que lo juzgue esta corte».

Esta actitud resulta un tanto inusual e incluso puede parecer antiheroica. La actuación del Cid como devoto cristiano, fiel (aunque desairado) vasallo, atento padre de familia, responsable caudillo de sus hombres y ponderado gobernador de Valencia a algunos lectores modernos les podría parecer más propia de un prohombre del siglo XIX que de un señor de la guerra medieval. En este aspecto, el carácter sobrio y contenido del Cid recuerda el de los legendarios héroes cívicos de la antigua Roma, como Curcio o Mucio Escévola, que se sacrifican por su patria.

Ahora bien, en la mentalidad medieval, ambas facetas eran inseparables, porque Rodrigo Díaz respondía al modelo óptimo de héroe: el que encarnaba el par de sapientia et fortitudo, no tanto «sabiduría y fuerza», como «prudencia y fortaleza de ánimo». Se trata, por tanto, de la unión de dos principios en apariencia contrapuestos, pero sabiamente equilibrados. En el caso del Cid épico, la sapientia consiste en sabiduría mundana, compuesta de sentido de la proporción, capacidad de previsión y, en definitiva, talento para ajustarse a la ocasión, lo que, en el caso cidiano, como en el de Ulises, incluye la sagacidad o astucia.

Por su parte, la fortitudo tampoco se identifica sólo con la fuerza física, aunque ésta le era indispensable a un guerrero medieval, ni con la pura capacidad de agresión, sino, sobre todo, con la aptitud para actuar, la disposición para el mando y, en suma, la autoridad, tanto bélica como moral. Maña y fuerza le permiten al Campeador conquistar una plaza como Alcocer (para lo que finge una retirada a la que sigue una durísima carga contra sus incautos perseguidores) e igualmente vengarse de los infantes de Carrión (derrotados y deshonrados en combate judicial ante el rey).

De este modo, la mesura y el esfuerzo llevan al Cid a una posición que no sólo iguala la del infanzón de Vivar que era antes de su destierro, sino que la supera, hasta convertirlo en uno de los principales magnates de la península ibérica. El apoteósico remate del Cantar, que alude al nuevo matrimonio de las hijas del Cid con los príncipes de Navarra y Aragón, no puede dejarlo más claro: «Con mayor honra las casa de la que primero fue. / ¡Ved cómo le aumenta la honra al que en buena hora nació, / cuando señoras son sus hijas de Navarra y de Aragón! / Hoy los reyes de España sus parientes son, / a todos les alcanza honra por el que en buena hora nació».

 


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 Pirata Oscar 

sábado, 5 de septiembre de 2026

NATIONAL GEOGRAPHIC 249 (NATIONAL PRESENT) (La misteriosa isla de la Tortuga: el refugio sin ley de los piratas que enfrentó a España e Inglaterra)

 

 

 

Ya estoy aquí con otra sesión de (NATIONAL PRESENT)de la sección de NATIONAL GEOGRAPHIC. 

 

Esta semana toca hablar La misteriosa isla de la Tortuga: el refugio sin ley de los piratas que enfrentó a España e InglaterraEsta semana conoceremos mejor como era la Mistoriosa isla de la Tortuga en la nueva entrada de NATIONAL GEOGRAPHIC se viene una entrada muy interesante sobre los piratas.

 

 Asalto pirata

 

Asalto pirata. La banda de Samuel Bellamy, Black Sam, se dispone a atacar al Whydah, 

un barco negrero que regresaba a Inglaterra con las ganancias obtenidas en su expedición. 

Ilustración por Gregory Manchess. Gregory Manchess

 

La misteriosa isla de la Tortuga: el refugio sin ley de los piratas que enfrentó a España e Inglaterra

 

Montañosa, cubierta por selvas frondosas y situada en plena ruta de los galeones españoles hacia Florida y la península... Dichas cualidades hicieron de la isla de Tortuga, en el noroeste de la La Española, en el refugio favorito de los piratas que durante los siglos XVII y XVIII se atrevieron a poner en jaque el comercio entre España y sus virreinatos americanos. 

La popularidad de Tortuga proviene de las novelas de Emilio Salgari y de la saga cinematográfica "Piratas del Caribe", donde el capitán Jack Sparrow recluta a la futura tripulación de La Perla Negra. Pero más allá de la literatura y la fantasía, la isla de Tortuga se convirtió en un símbolo del desafío al poder español en el Caribe y el hogar de los famosos bucaneros y filibusteros. 

 

Las devastaciones de orosio

A finales del siglo XVI, la mitad occidental de la isla de La Española, la primera en conocer la llegada de Colón a América, era un territorio sumido en la anarquía cuyos habitantes aprovechaban la cercanía de Cuba y de las rutas comerciales para dedicarse al contrabando. 

Castilla poseía el monopolio del comercio americano, y numerosos mercantes ingleses, franceses y holandeses utilizaban los puertos del oeste de la Española para evadir la prohibición española e introducir sus productos en las colonias. La población participaba del lucrativo negocio, y fue en aquellos tiempos cuando la isla de Tortuga comenzó a erigirse como el puerto favorito de los contrabandistas. 

 

 Tortuga17thcentury

 

Ilustración de la isla de la Tortuga durante el siglo XVII. 

Las accidentada geografía de Tortuga y su clima benigno no tardaron en convertirla en el refugio favorito de los primeros piratas caribeños. 

Autor desconocido
 
 

El rey Felipe III, alertado por la situación en La Española, ordenó al gobernador Antonio de Osorio el desalojo obligatorio de todos los habitantes de la mitad occidental de la isla en 1605. Los habitantes fueron forzados a abandonar sus hogares, haciendas y ganados para trasladarse a las localidades de Bayagua y Monte Plata, en el este de la Española, actual República Dominicana. 

 

La llegada de los bucaneros

A finales del siglo XVI, una comunidad de piratas franceses e ingleses se asentó en la isla de San Cristóbal (actual Saint Kitts) y se dedicó a rapiñar el Caribe hasta que el almirante Fradique de Toledo logró expulsarles en 1629. En busca de un nuevo puerto, los piratas desembarcaron en el desierto occidente de La Española y encontraron una tierra rica y poblada por cientos de cabezas de ganado abandonadas a su suerte por los españoles veinte años atrás. 

Los piratas que decidieron asentarse en el oeste de La Española, a sólo unas millas de la isla de Tortuga, recibieron el nombre de bucaneros. Su economía residía en capturar las reses cimarronas y vender su carne y cueros a los barcos que atracaban en Tortuga para intercambiar sus mercancías. También en Tortuga se instalaron los filibusteros, hombres dedicados en exclusiva a la piratería a pequeña escala. 

 

bucanero piratas

 

Retrato de un bucanero de La Española creado por el autor e ilustrador norteamericano Howard Pyle.

Howard Pyle, 1905
 
 

La isla de Tortuga prosperó durante la actividad de filibusteros y bucaneros, tanto, que Francia puso los ojos en ella como un posible puesto avanzado en el Caribe. Con motivo de la Guerra Franco Española (1635-59), el capitán galo Le Vasseur tomó el mando en Tortuga en 1640 y promovió la actividad de los filibusteros contra los galeones españoles. Así comenzó la edad dorada de Tortuga y también su leyenda. 

 

El terror del mar caribe

Los piratas y filibusteros instalados en Tortuga al amparo de las autoridades francesas protagonizaron continuos ataques contra las posesiones españolas en el Caribe durante la segunda mitad del siglo XVII. El saqueo de Maracaibo liderado por el pirata Henry Morgan en 1666, así como las expediciones contra Panamá, Campeche y la lejana Guayaquil convencieron a España de que era necesario expulsar para siempre a los piratas de Tortuga. 

La misión, sin embargo, no resultaba sencilla debido a la organización interna de los piratas y el apoyo que les brindaban Francia e Inglaterra. Los filibusteros de Tortuga fundaron la Cofradía de los Hermanos de la Costa, una sociedad de capitanes corsarios e independientes que regulaba los ataques contra los galeones españoles y garantizaba el reparto ecuánime del botín. 

 

barco pirata

 

Escena de batalla entre un navío británico y los filibusteros de la isla de Tortuga. 

Los filibusteros utilizaban lanchas y embarcaciones de menor envergadura para acercarse veloces a sus presas y sorprenderles con un rápido abordaje. 

 Willem van de Velde El Joven, 1708
 
 

La Cofradía de los Hermanos de la Costa estuvo vigente entre 1640 y 1730, y sus leyes promovían la igualdad de todos los piratas. En Tortuga no existía la propiedad individual, ni las distinciones por raza y religión, y además se garantizaba un subsidio a quienes fuesen heridos durante las acciones de piratería. 

 

El declive de tortuga

El Tratado de Madrid (1670) significó la paz entre España e Inglaterra a cambio del reconocimiento de Jamaica como colonia británica. La isla de Tortuga continuó su papel como nido de los filibusteros y bucaneros de La Española, pero la paz entre España e Inglaterra frenó durante años los saqueos en el Caribe. 

Frente a la isla de Tortuga, Francia había logrado colonizar el occidente de La Española y sus plantaciones atrajeron a numerosos filibusteros, bucaneros y antiguos esclavos. Después de mucho tiempo, España no era la única interesada en acabar con la piratería en Tortuga, y tanto Francia como Inglaterra combatieron a los filibusteros hasta reducir su flota y alejarlos de sus puertos. 

La isla de Tortuga volvería su edad dorada durante un breve periodo de tiempo, nada más finalizada la Guerra de Sucesión Española. Las tripulaciones de los navíos españoles, franceses e ingleses implicados en la contienda se encontraron sin oficio, y muchos decidieron convertirse en piratas. Tortuga viviría un breve renacimiento, pero la preferencia de los capitanes por los puertos de las Bahamas sellaría su final como gran hogar de los piratas. 

  

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 Pirata Oscar 

sábado, 29 de agosto de 2026

NATIONAL GEOGRAPHIC 247 (NATIONAL PRESENT) (Marie Curie, leyenda de la física y la química: "Acabo de descubrir el polonio y el radio, los elementos más radiactivos de la Tierra")

 

 

 

Ya estoy aquí con otra sesión de (NATIONAL PRESENT)de la sección de NATIONAL GEOGRAPHIC. 

 

Esta semana toca hablar Marie Curie, leyenda de la física y la química: "Acabo de descubrir el polonio y el radio, los elementos más radiactivos de la Tierra"Esta semana conoceremos mejor a esta mujer tan importante en la fisica como Marie Curie en una nueva entrada de NATIONAL GEOGRAPHIC.

 

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Marie Curie en una fotografía tomada hacia 1910.

Oxford Science Archive/Heritage Images / Cordon Press

 

El 21 de diciembre de 1898, Marie Curie logra aislar el radio, el segundo elemento radiactivo que descubre después de polonio, iniciando la revoluión de la ciencia atómica.

 

Eureka. Igual que Arquímedes hace más de dos mil años en la bañera de su casa en Siracusa, acabo de tener mi propia epifanía científica: hoy 21 de diciembre de 1898 he descubierto, junto a mi marido Pierre, el radio, un material que emite una energía desconocida hasta hoy, que es capaz de viajar por el aire y traspasar otros cuerpos sólidos: la radiactividad.

Estoy segura que este es un paso definitivo hacia una revolución de la física y la química y de la ciencia en general. Ahora todavía queda un gran trabajo por delante, descubrir qué pasa con sus átomos y cómo pueden, de manera aparentemene espontánea, generar esta energía

La primera conclusión fue fascinante: la cantidad de uranio y la intensidad de la corriente aumentaban o disminuían de manera proporcional, esto es dos miligramos de uranio producían la mitad de radioactividad que cuatro miligramos y el doble que uno. La radiactividad es, pues, un fenómeno generado en el interior de los átomos del propio uranio, en el que no intervienen factores externos. lo que significaba que el uranio emitía esos rayos por sí mismo.

Si hay uno, puede haber más, me dije, y animada por este primer hallazgo, me dispuse a identificar nuevos materiales que tuvieran esta recién descubierta propiedad. Pasé un año, entre 1897 y 1898, buscando esta nueva energía en el polvo triturado de todo tipo de minerales. Probé con todos los elementos conocidos, sin fortuna, más que con el torio, un elemento descubierto en 1829 por el sueco Jöns Jacob Berzelins y bautizado en honor al dios escandinavo del trueno.

Tal vez no existían otros elementos radiactivos (a parte de este y del uranio), quizá nuestros instrumentos no eran lo suficientemente sensibles, o tal vez había elementos que todavía no habían sido descubiertos, los huecos que Mendeleyev había dejado en su tabla periódica consciente que el avance de la ciencia terminaría por completarla.Entonces hice un segundo descubrimiento asombroso en pechblenda que acumulamos en nuestro laboratorio para analizarla. Este mineral, que importamos de las minas de Bohemia por toneladas, está compuesto básicamente por uranio, pero emitía radiaciones 300 veces superiores a la que corresponde uranio.

Era, pues, muy probable, que la pechblenda escondieraun elemento desconocido, diferente del uranio y del torio y mucho más radiactivos que estos. Durante semanas Pierre y yo machacamos, disolvimos y hervimos rocas en busca de ese nuevo elemento químico. 

El 13 de julio de 1898, Pierre anotaba en su cuaderno de laboratorio, "polonio", ¡un elemento nuevo que añadir a la tabla periódica! Elegí su nombre en honor a mi amada patria, una nación que solo existe en el corazón de los polacos ya que en los mapas se la reparten tres imperios, Rusia, Prusia y Austria.

Nuestro primer eureka. Pero una vez aislado el polonio de la pechblenda, todavía faltaba una última sorpresa, la roca seguía emitiendo radiaciones mucho más elevadas que el uranio… Entonces, había un segundo elemento desconocido y debía encontrarlo.

Sin descanso, comenzó otra vez el proceso de disolución y decantación del compuesto en nuestro destartalado laboratorio. Otros cinco meses de duro trabajo hasta hoy, 21 de diciembre, en el que hemos encontrado nuestro regalo de Navidad adelantado, el nuevo elemento radiactivo. ¡Eureka! Lo llamaré radio, como radius, rayo enlatín, por su fulgor y potencia radiactiva.

Pero este elemento se encuentra en unas cantidades tan insignificantes que para obtener una muestra significativa que aislar y cristalizar para establecer su existencia deberemos moler, de nuevo, toneladas de pechblenda. Otra vez el ingrato trabajo de remover durante horas, cada día, una borboteante y espesa solución radiactiva con la única ayuda de una vara de hierro.

Un trabajo que tal vez dure años y que, creo, va afectar a nuestra salud. Este último año, tanto Pierre como yo no hemos dejado de encontrarnos mal, y no puedo descartar que las sustancias que tratamos, respiramos y absorbemos por la piel sean las responsables de nuestro estado de salud. Pero esta será una preocupación de la que eberemos ocuparnos más adelante.

 


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 Pirata Oscar 

martes, 25 de agosto de 2026

NATIONAL GEOGRAPHIC 246 (NATIONAL PRESENT) (¿Un genio o un loco? Cien años sin Gaudí, el arquitecto que desafió todas las normas)

 

 

 

Ya estoy aquí con otra sesión de (NATIONAL PRESENT)de la sección de NATIONAL GEOGRAPHIC. 

 

Esta semana toca hablar ¿Un genio o un loco? Cien años sin Gaudí, el arquitecto que desafió todas las normasEsta semana conoceremos conoceremos mejor a  este genio en la nueva entrada de NATIONAL GEOGRAPHIC que mejor que conocer su historia de Gaudí.

 

 Gaudí

 

Un viaje siguiendo sus pasos, su vida y su arte eterno.

Pablo Audouard Deglaire

 

Tras un siglo de su muerte volvemos a repasar sus pasos, homenajeando su vida y su arte eterno.

 

“La originalidad consiste en el retorno a los orígenes”. La frase resume buena parte de la vida y la obra de Antoni Gaudí, el arquitecto que encontró en la naturaleza la fuente de todas sus formas y que transformó para siempre el paisaje de Barcelona. Tal día como hoy, el 10 de junio de 1926, hace exactamente un siglo, moría en el Hospital de la Santa Creu a causa de las heridas sufridas tres días antes, cuando un tranvía lo atropelló en la Gran Via de les Corts Catalanes. Tenía 73 años y dedicaba cada instante de su vida a la construcción de la Sagrada Familia.

Su muerte cerró la trayectoria de una de las figuras más singulares del modernismo europeo, pero también abrió una leyenda que no ha dejado de crecer. En 2026, declarado Año Gaudí, exposiciones, actos culturales y acontecimientos simbólicos como la coronación de la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia o la visita del papa León XIV a Barcelona vuelven a situar bajo los focos internacionales el legado del arquitecto que convirtió la piedra en un organismo vivo.


El niño que aprendió de la naturaleza

Aunque nació en Reus en 1852, la infancia de Gaudí estuvo estrechamente ligada al Mas de Riudoms, donde pasaba largas temporadas de reposo debido a su salud frágil y al reumatismo que lo acompañó desde joven. Hijo de una familia de calderos, observó desde pequeño cómo una superficie plana podía transformarse en un volumen. Años después explicaría aquella influencia con una de sus reflexiones más conocidas: “Yo tengo esa calidad de sentir, de ver el espacio porque soy hijo de calderero. El calderero es un hombre que de una superficie hace un volumen; ve el espacio antes de empezar a trabajar”.

 

 Antoni Gaudí


Antoni Gaudí en una fotografía tomada en diciembre de 1920 

por su colaborador Isidre Puig i Boada.Album


 

Aquellas largas jornadas de observación marcaron su manera de entender el mundo. La naturaleza se convirtió en su gran maestra. “Todo sale del gran libro de la naturaleza”, afirmaba. No era una simple metáfora: las curvas de sus edificios, las columnas que se ramifican como árboles o las soluciones estructurales inspiradas en formas orgánicas nacieron de esa contemplación paciente del paisaje.

También durante esos años desarrolló una profunda preocupación por la salud y el bienestar físico. Se hizo vegetariano y siguió las teorías higienistas del sacerdote y médico alemán Sebastian Kneipp, una influencia que mantendría hasta el final de sus días.

 

“Hemos dado el título a un loco o a un genio”

Tras completar sus estudios en Barcelona, Gaudí ingresó en la Escuela de Arquitectura, donde alternó la formación académica con colaboraciones junto a figuras como Josep Fontserè, Francisco de Paula del Villar y, especialmente, Joan Martorell, considerado su gran mentor. El día de su graduación quedó grabado en la historia. Al revisar su expediente, Elies Rogent, director de la escuela, pronunció una frase que el tiempo convertiría en profecía: “Hemos dado el título a un loco o a un genio; el tiempo lo dirá”.

 

sagrada

 

La Sagrada Familia se convirtió progresivamente en un laboratorio 

de experimentación arquitectónica.cordonpress


 

La respuesta no tardó demasiado en llegar. Su primer gran éxito fue la Casa Vicens, construida entre 1883 y 1888. Poco antes había impresionado al industrial Eusebi Güell con una vitrina diseñada para la guantería Comella durante la Exposición Universal de París de 1878. Aquel encuentro dio origen a una de las relaciones de mecenazgo más importantes de la historia del arte catalán.

Gracias al apoyo de Güell surgieron obras fundamentales como los pabellones Güell, el Palacio Güell, las bodegas Güell, la cripta de la Colònia Güell y el Park Güell. Más tarde llegarían otros iconos universales, como la Casa Batlló y la Casa Milà, conocida popularmente como La Pedrera.

 

La arquitectura de las curvas

Mientras el modernismo triunfaba en Europa bajo nombres como Art Nouveau, Liberty o Modern Style, Gaudí desarrolló un lenguaje propio que lo diferenciaba de cualquier otro arquitecto de su tiempo. “La línea recta pertenece al hombre, la línea curva, a Dios”, sostenía. La frase resume una concepción arquitectónica basada en la observación de las leyes naturales. En sus edificios abundan las formas que recuerdan troncos, montañas, huesos, olas o conchas marinas. Para él, la arquitectura no era una imposición sobre el entorno, sino una continuación de él.

Su pensamiento unía técnica y espiritualidad. “La arquitectura es la ordenación de la luz”, decía. Y también: “Para hacer las cosas bien hace falta, en primer lugar, amor y, en segundo lugar, técnica”. Ambas ideas se reflejan en unas obras donde la innovación estructural convivía con una intensa carga simbólica y religiosa.

 

La Sagrada Familia, la obra de una vida

El 3 de noviembre de 1883, asumió la dirección de las obras del templo expiatorio de la Sagrada Familia, iniciado un año antes bajo la dirección de Francisco de Paula del Villar. Lo que comenzó como un encargo más terminó convirtiéndose en el proyecto que definiría toda su existencia.

 

La Sagrada Familia, el hogar de Gaudí

  

Desde 1914 y hasta su muerte, la vida de Gaudí giró en torno a la Sagrada 

Familia, a cuya construcción se consagró de forma exclusiva. 

©Fundació Junta Constructora del Temple Expiatori de la Sagrada Família
 
 

Transformó por completo el diseño original, multiplicó sus dimensiones y concibió un edificio cargado de significados religiosos y naturales. Sabía que no viviría para verlo terminado, por lo que trabajó obsesivamente en maquetas, modelos de yeso y prototipos que sirvieran de guía a las generaciones futuras.

Las esculturas de la fachada del Nacimiento se realizaron a partir de personas corrientes. Un trapero sirvió de modelo para san Joaquín; un mozo de taberna inspiró a uno de los soldados de la matanza de los inocentes. Para reproducir fielmente los cuerpos, se utilizaban moldes de yeso obtenidos directamente de modelos humanos, animales y plantas.

La Sagrada Familia se convirtió progresivamente en un laboratorio de experimentación arquitectónica. Allí desarrolló las columnas arborescentes, las complejas estructuras de doble giro y las maquetas con las que estudiaba el comportamiento de cada elemento antes de construirlo.

 

Los últimos años del arquitecto

La última etapa de su vida estuvo marcada por las pérdidas. Murieron familiares, colaboradores y amigos cercanos, entre ellos su sobrina Rosa, el arquitecto Francisco Berenguer, el obispo Josep Torras i Bages y su gran mecenas, Eusebi Güell. Aislado y cada vez más volcado en la religión, Gaudí se refuió por completo en la Sagrada Familia. “Mis grandes amigos están muertos; no tengo familia, ni clientes, ni fortuna, ni nada. Así puedo entregarme totalmente al templo”, confesó a sus colaboradores.

 

El funeral de Gaudí en 1926 congregó a cientos de personas.

 

El funeral de Gaudí en 1926 congregó a cientos de personas.

Foto: CC
 

Durante sus últimos doce años trabajó exclusivamente en la basílica. Incluso llegó a pedir limosna para financiar las obras. Atrás quedaba la imagen del arquitecto elegante y sofisticado. Vestía con sencillez, comía frugalmente y apenas prestaba atención a su apariencia. Desde 1925 vivía en una habitación instalada en el propio taller del templo.

Ahora, cien años después de su muerte, la figura de Gaudí continúa despertando la misma pregunta que formuló Elies Rogent cuando recibió el título de arquitecto. La historia ya ha emitido su veredicto. Pero la fascinación por el artista sigue moldeándose al mismo ritmo que su Sagrada Familia.



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 Pirata Oscar 

sábado, 15 de agosto de 2026

NATIONAL GEOGRAPHIC 248 (NATIONAL PRESENT) (Ramsés II: el faraón del amor eterno… y la reina borrada de la historia)

 

 

 

Ya estoy aquí con otra sesión de (NATIONAL PRESENT)de la sección de NATIONAL GEOGRAPHIC. 

 

Esta semana toca hablar Ramsés II: el faraón del amor eterno… y la reina borrada de la historiaEsta semana conoceremos más sobre Egipto exactamente sobre Ramsés II esa gran historia sobre su vida.

 

 Ramsés II: el faraón del amor eterno… y la reina borrada de la historia


El faraón más longevo de la historia tuvo numerosas esposas 

y concubinas que le dieron casi un centenar de hijos.

 

El faraón más longevo de la historia tuvo numerosas esposas y concubinas que le dieron casi un centenar de hijos.

 

Pocos personajes de la historia de Egipto han despertado tanta curiosidad y a la vez tanto escepticismo como Ramsés II. Los copiosos datos de su abultada biografía mezclan la realidad con una cierta ficción. Y ello en todos los aspectos de una dilatada vida que sobrepasó los noventa años y un reinado que llegó casi a los setenta.

Uno de los aspectos más llamativos de la historia de este faraón es el enorme número de mujeres que llegaron a rodear al monarca, desde Grandes Esposas Reales a simples concubinas, pasando por esposas secundarias. Todas ellas le dieron un número extraordinario de hijos e hijas; según se calcula, en torno a un centenar. Pero entre todas, las dos únicas que tuvieron un protagonismo destacado fueron Nefertari e Isetnofret, las dos primeras mujeres que ostentaron el título de Grandes Esposas Reales de Ramsés.

Sin embargo, mientras la primera figura de forma destacada en las fuentes egipcias y ha dejado tras de sí innumerables representaciones, la segunda es casi desconocida, como si el propio Ramsés la hubiera querido mantener en la sombra. Es lógico interrogarse por las razones de este tratamiento tan desigual.

Cuando se convirtió en corregente de su padre Seti I, Ramsés II recibió de éste un palacio en Menfis y un nutrido harén de jóvenes y bellas mujeres, entre las que se encontraban Nefertari e Isetnofret. No se conoce el origen de estas dos damas, lo que no ha impedido que se formulen las hipótesis más aventuradas.

 

Grandes Esposas Reales

Todo indica que Nefertari fue la esposa favorita de Ramsés. Su belleza está atestiguada en las estatuas y las pinturas de su tumba en el Valle de las Reinas. Sin embargo, no existe plena certeza sobre cuál fue su aspecto físico real, puesto que algunas imágenes plantean dudas sobre la verdadera identidad del personaje representado.

Así, ante el segundo pilono del templo de Amón en Karnak, frente a un coloso que representa al propio Ramsés II, se alza una estatua de Nefertari a menor tamaño que la de su esposo. Más tarde, el coloso fue usurpado por el faraón Pinedyem, que inscribió su nombre en él, pero no sabemos si entonces se modificaron los rasgos de las figuras. ¿Sólo se cambió el nombre? ¿Sigue siendo esa bella cara la de Nefertari? Creemos que sí.

Nefertari participó en innumerables actos oficiales junto a su marido. La vemos en los festejos de la coronación de Ramsés, en las fiestas consagradas al dios Min o en la entronización de Nebunenef como Gran Sacerdote de Amón. No menos importante fue la labor de coordinación que la reina llevó a cabo en la correspondencia con los reyes hititas y culminó con un acuerdo de paz entre ambas potencias, que unos años antes se habían enfrentado en la batalla de Qadesh.

Ramsés II, por su parte, mostró por Nefertari una clara predilección, una devoción digna del mejor relato de amor. Así lo demuestra el hecho de que cuando el faraón hizo erigir el gran templo de Abu Simbel se cuidara de que su esposa Nefertari, por entonces ya fallecida, figurara en la fachada, junto a Tuya, la madre del rey. En este templo, Nefertari se transforma en Sotis, la estrella que anuncia la inundación anual del Nilo.

Un poco más al norte, otro templo excavado en la roca, de dimensiones más reducidas, está dedicado a la propia Nefertari, esta vez identificada con Hathor, la diosa del amor. En su fachada, en la cual se alternan imágenes de la pareja real, se puede leer una frase de lo más elocuente: «Nefertari, aquella por la que el Sol brilla».

Mientras tanto, ¿qué fue de Isetnofret? ¿Fue acaso la gran olvidada, como escribió Christiane Desroches Noblecourt, la gran biógrafa de Ramsés II? Pues parece que sí. Hasta que murió Nefertari, hacia el año 26 del reinado de Ramsés, Isetnofret no aparece en ninguno de los numerosos templos construidos en Nubia por el rey, como tampoco en los de Karnak y Luxor, donde en cambio es frecuente la presencia de Nefertari. Y cuando finalmente Isetnofret fue representada en algunos templos, no lo fue por ella misma, sino por su vinculación con los hijos e hijas que había tenido con el faraón.

 

Príncipes y princesas

Del centenar de hijos e hijas que tuvo Ramsés II, sólo unos pocos desempeñaron un auténtico papel político y tuvieron un derecho más o menos firme a suceder a su padre en el trono. Para empezar, únicamente los nacidos de sus dos Grandes Esposas Reales son nombrados como hijos en los monumentos erigidos por el rey. En el templo nubio de Beit el-Wali, un Ramsés muy joven, todavía corregente de su padre Seti, figura en plena campaña militar, reprimiendo el levantamiento de una tribu nubia.

Dos carros de guerra secundan el carro real: el de Amonherkhepshef, su hijo mayor, de apenas cinco años, el primero que tuvo con Nefertari; y el de Khaemwaset, hijo de Isetnofret. Al igual que había hecho su padre Seti con él mismo, Ramsés se hizo acompañar por sus dos hijos mayores en sus campañas bélicas. De todos los hijos de Ramsés, el más célebre y amado por su padre fue Khaemwaset. En lugar de inclinarse por las armas, como su hermano mayor Ramsés, Khaemwaset llegó a ser Gran Maestro de los Artesanos de Ptah, título que, en la doctrina menfita, equivalía al de Primer Profeta de Amón, en Tebas.

Además, llevado por su fervor hacia los reyes que levantaron las grandes pirámides del Reino Antiguo, restauró dichos monumentos en nombre de su padre, como aún consta en el revestimiento de la pirámide de Unas, de la dinastía V, lo que le ha valido ser considerado el primer arqueólogo de la historia. Igualmente, Khaemwaset proyectó y dirigió las obras de las «pequeñas galerías», el primer Serapeo o tumba colectiva de los Apis, los bueyes sagrados de Menfis.

Durante la excavación del Serapeo por Auguste Mariette en 1850 aparecieron la momia de un hombre con una máscara de oro y varios ushebtis con el nombre de Khaemwaset. Más tarde se averiguó que no era seguro que aquélla fuese la momia del hijo de Ramsés II, por lo que la ubicación de su tumba sigue siendo desconocida a día de hoy, aunque todo apunta a que se situó en la necrópolis de Saqqara

 

Las hijas del faraón

Si los hijos de las Grandes Esposas Reales de Ramsés II ocuparon un puesto prominente en la corte del faraón, lo mismo puede decirse de sus hijas. De hecho, muchas de ellas se convirtieron en Grandes Esposas Reales tras contraer matrimonio con su propio padre.

En efecto, desde la dinastía XVIII se había establecido la costumbre de que los faraones se casaran con sus hijas, aunque es difícil saber si el matrimonio se consumaba o era sólo honorífico. Así, Amenhotep III, en vida de su Gran Esposa Real Tiy, se casó con la hija de ambos, Satamón. Posteriormente, Akhenatón se casó por lo menos con dos de las hijas que tuvo con la reina Nefertiti.

 

La hija preferida

Ramsés II hizo lo propio al nombrar Gran Esposa Real a varias de sus hijas, nacidas de Nefertari e Isetnofret. La primera de ellas fue Bentanat, primogénita de Isetnofret, a la que siguieron Merytamón y Nebettawy, hijas de Nefertari, y Henutmira. Además de estas hijas, otras princesas ajenas a su familia llevaron también el título de Gran Esposa Real, como la hija del rey de los hititas, Maathorneferure, y otra princesa hitita cuyo nombre desconocemos.

Si Khaemwaset fue el hijo predilecto de Ramsés II, todo apunta a que su preferencia en cuanto a las hijas se dirigió a Bentanat. A esta hija suya y de Isetnofret no sólo la nombró Gran Esposa Real, sino que figuró como Señora de las Dos Tierras y Soberana del Alto y Bajo Egipto.

Bentanat ocupa un lugar privilegiado en la fachada del templo de Abu Simbel, pues a cada lado del coloso sur se encuentran ella y su hermana Nebettawy. Así pues, fue Isetnofret quien dio a su marido los dos hijos que más cerca estuvieron de su corazón: Khaemwaset y Bentanat.

Y no sólo eso: aunque no sucedió de modo deliberado, sería otro hijo de Isetnofret, Merneptah, quien heredase la doble corona de Egipto a la muerte de su padre Ramsés. Aunque tarde, Isetnofret, la «reina ignorada», acabó triunfando a través de su descendencia.



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