John Malkovich y Sam Rockwell en 'Wild Horse Nine'
Searchlight Pictures
El director de 'Almas en pena de Inisherin' vuelve con una nueva historia sobre la amistad masculina
Martin McDonagh tiene una habilidad al alcance de pocos cineastas. Consigue que Hollywood le financie obras de teatro intimistas en las localizaciones más espectaculares y con repartos cuanto menos estelares. Hizo lo propio en Almas en pena de Inisherin (2022) y acaba de hacerlo otra vez con su nueva película, Wild Horse Nine.
Mitad thriller de espías lánguido, mitad western crepuscular, Wild Horse Nine retrata los últimos estertores de una amistad. McDonagh vuelve a explorar así la camaradería masculina cambiando los melancólicos acantilados irlandeses por la majestuosidad de la Isla de Pascua chilena.
A ese lugar misterioso lleno de "cabezones", como llaman los protagonistas a los moáis característicos de Rapa Nui, se trasladan los agentes de la CIA interpretados por John Malkovich y Sam Rockwell, una pareja con trazas de los personajes de Dos tontos muy tontos y Pulp Fiction. El primero está a punto de morir y desbarra de lo lindo. El segundo, es su amigo del alma y está dispuesto a llegar a las últimas consecuencias por su lealtad.
En su camino se encuentran con dos estudiantes chilenas de izquierdas (una de ellas es Mariana Di Girólamo, la fascinante Ema de Larraín) que recuerdan inevitablemente a esos personajes femeninos de las novelas de espías de Le Carrè. Encantadas con el gobierno de Allende ("¡el primer gobierno marxista elegido democráticamente!", celebran ufanas) van a tardar muy poco en darse de bruces con los planes de EE UU con su país.

Esos planes los representan y ejecutan estos dos agentes de la CIA que hablan a las claras: "Hemos venido a desestabilizar la democracia de vuestro país" y que se van revelando, poco a poco y con ese sentido del humor tan negro de McDonagh, como responsables de algunas de las misiones de geopolítica internacional más salvajes de Estados Unidos.
John Malkovick borda a ese personaje moribundo y morfinómano empeñado en publicar sus memorias y que acarrea un maletín que lo vincula directamente con uno de los episodios más terribles de la historia reciente norteamericana (no lo diremos aquí para no spoilear la sorpresa).
Pero la joya de la corona de la nueva película de McDonagh es esa aparición telefónica de Tom Waits, que se mete en la piel del hermano del protagonista y parece salido de una película de John Ford.
Como decíamos, algo tiene de western crepuscular Wild Horse Nine, y no solo es ese Monument Valley que atisbamos de fondo. Más allá de esa trama de espías que McDonagh estruja hasta casi hacerla desaparecer, su última película vuelve a ser el drama de dos amigos. Si en Almas en pena... lo era sobre dos amigos que se odiaban. Aquí, es sobre dos amigos que se quieren demasiado.





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