Ya estoy aquí con otra sesión de (NATIONAL PRESENT)de la sección de NATIONAL GEOGRAPHIC.
Esta semana toca hablar ¿Un genio o un loco? Cien años sin Gaudí, el arquitecto que desafió todas las normas. Esta semana conoceremos conoceremos mejor a este genio en la nueva entrada de NATIONAL GEOGRAPHIC que mejor que conocer su historia de Gaudí.

Un viaje siguiendo sus pasos, su vida y su arte eterno.
Tras un siglo de su muerte volvemos a repasar sus pasos, homenajeando su vida y su arte eterno.
“La originalidad consiste en el retorno a los orígenes”. La frase resume buena parte de la vida y la obra de Antoni Gaudí, el arquitecto que encontró en la naturaleza la fuente de todas sus formas y que transformó para siempre el paisaje de Barcelona. Tal día como hoy, el 10 de junio de 1926, hace exactamente un siglo, moría en el Hospital de la Santa Creu a causa de las heridas sufridas tres días antes, cuando un tranvía lo atropelló en la Gran Via de les Corts Catalanes. Tenía 73 años y dedicaba cada instante de su vida a la construcción de la Sagrada Familia.
Su muerte cerró la trayectoria de una de las figuras más singulares del modernismo europeo, pero también abrió una leyenda que no ha dejado de crecer. En 2026, declarado Año Gaudí, exposiciones, actos culturales y acontecimientos simbólicos como la coronación de la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia o la visita del papa León XIV a Barcelona vuelven a situar bajo los focos internacionales el legado del arquitecto que convirtió la piedra en un organismo vivo.
El niño que aprendió de la naturaleza
Aunque nació en Reus en 1852, la infancia de Gaudí estuvo estrechamente ligada al Mas de Riudoms, donde pasaba largas temporadas de reposo debido a su salud frágil y al reumatismo que lo acompañó desde joven. Hijo de una familia de calderos, observó desde pequeño cómo una superficie plana podía transformarse en un volumen. Años después explicaría aquella influencia con una de sus reflexiones más conocidas: “Yo tengo esa calidad de sentir, de ver el espacio porque soy hijo de calderero. El calderero es un hombre que de una superficie hace un volumen; ve el espacio antes de empezar a trabajar”.

Antoni Gaudí en una fotografía tomada en diciembre de 1920
por su colaborador Isidre Puig i Boada.Album
Aquellas largas jornadas de observación marcaron su manera de entender el mundo. La naturaleza se convirtió en su gran maestra. “Todo sale del gran libro de la naturaleza”, afirmaba. No era una simple metáfora: las curvas de sus edificios, las columnas que se ramifican como árboles o las soluciones estructurales inspiradas en formas orgánicas nacieron de esa contemplación paciente del paisaje.
También durante esos años desarrolló una profunda preocupación por la salud y el bienestar físico. Se hizo vegetariano y siguió las teorías higienistas del sacerdote y médico alemán Sebastian Kneipp, una influencia que mantendría hasta el final de sus días.
“Hemos dado el título a un loco o a un genio”
Tras completar sus estudios en Barcelona, Gaudí ingresó en la Escuela de Arquitectura, donde alternó la formación académica con colaboraciones junto a figuras como Josep Fontserè, Francisco de Paula del Villar y, especialmente, Joan Martorell, considerado su gran mentor. El día de su graduación quedó grabado en la historia. Al revisar su expediente, Elies Rogent, director de la escuela, pronunció una frase que el tiempo convertiría en profecía: “Hemos dado el título a un loco o a un genio; el tiempo lo dirá”.

La Sagrada Familia se convirtió progresivamente en un laboratorio
de experimentación arquitectónica.cordonpress
La respuesta no tardó demasiado en llegar. Su primer gran éxito fue la Casa Vicens, construida entre 1883 y 1888. Poco antes había impresionado al industrial Eusebi Güell con una vitrina diseñada para la guantería Comella durante la Exposición Universal de París de 1878. Aquel encuentro dio origen a una de las relaciones de mecenazgo más importantes de la historia del arte catalán.
Gracias al apoyo de Güell surgieron obras fundamentales como los pabellones Güell, el Palacio Güell, las bodegas Güell, la cripta de la Colònia Güell y el Park Güell. Más tarde llegarían otros iconos universales, como la Casa Batlló y la Casa Milà, conocida popularmente como La Pedrera.
La arquitectura de las curvas
Mientras el modernismo triunfaba en Europa bajo nombres como Art Nouveau, Liberty o Modern Style, Gaudí desarrolló un lenguaje propio que lo diferenciaba de cualquier otro arquitecto de su tiempo. “La línea recta pertenece al hombre, la línea curva, a Dios”, sostenía. La frase resume una concepción arquitectónica basada en la observación de las leyes naturales. En sus edificios abundan las formas que recuerdan troncos, montañas, huesos, olas o conchas marinas. Para él, la arquitectura no era una imposición sobre el entorno, sino una continuación de él.
Su pensamiento unía técnica y espiritualidad. “La arquitectura es la ordenación de la luz”, decía. Y también: “Para hacer las cosas bien hace falta, en primer lugar, amor y, en segundo lugar, técnica”. Ambas ideas se reflejan en unas obras donde la innovación estructural convivía con una intensa carga simbólica y religiosa.
La Sagrada Familia, la obra de una vida
El 3 de noviembre de 1883, asumió la dirección de las obras del templo expiatorio de la Sagrada Familia, iniciado un año antes bajo la dirección de Francisco de Paula del Villar. Lo que comenzó como un encargo más terminó convirtiéndose en el proyecto que definiría toda su existencia.

Desde 1914 y hasta su muerte, la vida de Gaudí giró en torno a la Sagrada
Familia, a cuya construcción se consagró de forma exclusiva.
Transformó por completo el diseño original, multiplicó sus dimensiones y concibió un edificio cargado de significados religiosos y naturales. Sabía que no viviría para verlo terminado, por lo que trabajó obsesivamente en maquetas, modelos de yeso y prototipos que sirvieran de guía a las generaciones futuras.
Las esculturas de la fachada del Nacimiento se realizaron a partir de personas corrientes. Un trapero sirvió de modelo para san Joaquín; un mozo de taberna inspiró a uno de los soldados de la matanza de los inocentes. Para reproducir fielmente los cuerpos, se utilizaban moldes de yeso obtenidos directamente de modelos humanos, animales y plantas.
La Sagrada Familia se convirtió progresivamente en un laboratorio de experimentación arquitectónica. Allí desarrolló las columnas arborescentes, las complejas estructuras de doble giro y las maquetas con las que estudiaba el comportamiento de cada elemento antes de construirlo.
Los últimos años del arquitecto
La última etapa de su vida estuvo marcada por las pérdidas. Murieron familiares, colaboradores y amigos cercanos, entre ellos su sobrina Rosa, el arquitecto Francisco Berenguer, el obispo Josep Torras i Bages y su gran mecenas, Eusebi Güell. Aislado y cada vez más volcado en la religión, Gaudí se refuió por completo en la Sagrada Familia. “Mis grandes amigos están muertos; no tengo familia, ni clientes, ni fortuna, ni nada. Así puedo entregarme totalmente al templo”, confesó a sus colaboradores.

El funeral de Gaudí en 1926 congregó a cientos de personas.
Durante sus últimos doce años trabajó exclusivamente en la basílica. Incluso llegó a pedir limosna para financiar las obras. Atrás quedaba la imagen del arquitecto elegante y sofisticado. Vestía con sencillez, comía frugalmente y apenas prestaba atención a su apariencia. Desde 1925 vivía en una habitación instalada en el propio taller del templo.
Ahora, cien años después de su muerte, la figura de Gaudí continúa despertando la misma pregunta que formuló Elies Rogent cuando recibió el título de arquitecto. La historia ya ha emitido su veredicto. Pero la fascinación por el artista sigue moldeándose al mismo ritmo que su Sagrada Familia.
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Pirata Oscar



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