Memorable como Tom Hagen y Bill Kilgore, desprendía gran presencia y participó en un centenar largo de películas. Nominado en siete ocasiones, ganó el Oscar por 'Gracias y favores'
Además de pasar a la historia por ser el fiel consejero de Vito Corleone, contribuyó a que a los cinéfilos les gustara el olor a napalm por la mañana. Robert Duvall, actor que se hizo eterno en los 70 por El padrino y Apocalypse Now, que desprendía la presencia de los grandes y que tanto ejerció de secundario ilustre, ha fallecido a los 95 años.
La trayectoria de Duvall abarcó cerca de 150 producciones a lo largo de siete décadas. Optó al Oscar por sus aportaciones secundarias en El padrino y Apocalypse Now, sus trabajos más recordados por el gran público, si bien lo consiguió por Gracias y favores, en la que encarnó a un cantante de country que intentaba reordenar su vida y recuperar los vínculos familiares.
También fue candidato por El gran Santini, Camino al cielo, Acción civil y El juez, su último gran papel. Tuvo el western entre sus géneros predilectos y se interesó por la dirección. Se retiró en 2022.
Familia, inicios y 'Matar a un ruiseñor'

Robert Selden Duvall nació en 1931 en San Diego (California). Su padre, William Howard, llegó a ser almirante de la Armada, dedicación por la que cambiaron varias veces de ciudad, estableciéndose en Annapolis (Maryland). Mildred Virginia, su madre, en su momento actriz amateur, era descendiente del general confederado Robert E. Lee. Una figura a la que Duvall, movido por la ascendencia familiar, dio vida en Dioses y generales.
Según William, su hermano, Bobby no llevaba muy bien las reglas en casa y era un poco rebelde. En 1953, al acabar el instituto, decidió alistarse en el ejército, aunque su padre hubiera preferido su entrada en la Marina para seguir sus pasos. Sirvió dos años en Camp Gordon, en Georgia.
En 1955 se mudó a Nueva York para formarse en la escuela de interpretación de Sanford Meisner, coyuntura en la que forjó una gran amistad con Gene Hackman y Dustin Hoffman, quien vivió un tiempo en su apartamento, lugar de tránsito habitual de jóvenes actores que necesitaban pasar unos días. A inicios de los 60, Duvall y Hoffman volvieron a ser compañeros, aunque en otro piso.
Los tres compartían sueños, vivencias y realidades laborales precarias. Entre otros empleos, Duvall estuvo llevando cajas en unos grandes almacenes y lavando platos en un restaurante. Su dedicación más estable fue en una oficina de correos a la que le tocaba ir de noche. Aquellos también eran años de papeles en obras teatrales alejadas de Broadway y en televisión.
Consiguió su primer trabajo cinematográfico a raíz de impresionar al guionista y dramaturgo Horton Foote en una pieza teatral y, años después, en un show televisivo. Foote lo recomendó para el breve pero importante rol de Boo Radley en Matar a un ruiseñor (1962), protagonizada por Gregory Peck y ganadora de tres premios Oscar.
Tras su debut, participó en El capitán Newman, encabezada por Peck y Tony Curtis; en unos pocos episodios de Más allá del límite (hizo mucha televisión en sus inicios), en Pesadilla bajo el sol; en La jauría humana, liderada por Marlon Brando y con Jane Fonda y Robert Redford; y en El detective, título construido en torno a Frank Sinatra.
Cuenta atrás, en la que acompañó a James Caan, señaló que su nombre empezaba a ganar presencia en los carteles. Steve McQueen se subió a su taxi en Bullitt y se enfrentó a John Wayne en Valor de ley, el filme por el que el icono del western ganaría el Oscar. Cerró los años 60 con Llueve sobre mi corazón, la road movie de Francis Ford Coppola previa a El Padrino, drama sobre una mujer embarazada (Shirley Knight) que decide marcharse de casa. Una historia en la que volvió a coincidir con Caan.
Tom Hagen, 'consigliere'

Duvall comenzó los 70 entre los secundarios de M.A.S.H., la comedia bélica de Robert Altman, y del western En nombre de la ley. Más simbolismo tuvo THX 1138, la distópica carta de presentación de George Lucas, al reportarle uno de sus primeros papeles protagonistas en el cine. No obstante, todo cambió con El padrino (1972) y Tom Hagen, consejero, abogado, hombre de confianza y 'cuarto hijo' de Vito Corleone.
El actor supo dar a su personaje el relieve del hombre leal que sabe que su posición está en el segundo plano, y el público se fijó en Hagen. El consigliere le reportó su primera candidatura al Oscar. El padrino II (1974) aumentó los matices en torno a dicha figura. Mucho se ha hablado de la sonada ausencia de Hagen en el cierre de la trilogía en 1990, motivada porque a Duvall no le parecía de recibo que Al Pacino (Michael Corleone) cobrara cuatro veces más que él. Coppola intentó convencerle, sin éxito.
El mismo año de El Padrino también estrenó Tomorrow, con historia de William Faulkner y en la que era un granjero que se enamora de una embarazada. Fue Jesse James en Sin ley ni esperanza y el terrateniente que contrataba a Clint Eastwood en Joe Kidd, secundó a Donald Sutherland en Fría como un diamante y encabezó Tras la huella del delito y La organización criminal.
Charles Bronson quiso sacarle de la cárcel en Fuga suicida, estuvo con James Caan y Sam Peckinpah en Los aristócratas del crimen, encarnó a un coronel nazi en Ha llegado el águila, interpretó al fiel ayudante de Sherlock Holmes en Elemental, doctor Freud y demostró su nivel en Network, un mundo implacable. Participó en Yo, el mejor, el biopic sobre Muhammad Ali, y en La saga de los Hardeman e hizo de Eisenhower en una miniserie. Como curiosidad, apareció en La conversación y en La invasión de los ladrones de cuerpos pero no salió en los créditos.
El napalm y las valquirias de Wagner

En 1979 llegaron Apocalypse Now, el coronel Kilgore, la frase memorable del olor a napalm por la mañana, su insistencia con el surf en la playa a pesar de los ataques y su idea de poner La cabalgata de las valquirias de Wagner mientras los helicópteros destruyen un poblado. La febril genialidad de Coppola sobre Vietnam se recuerda por su imposible rodaje, la entrada de Martin Sheen en el corazón de las tinieblas, la locura de Marlon Brando y la aportación de Duvall transmitiendo calma y placer belicoso en medio del horror.
La familiaridad de Duvall con el ejército le ayudó a plasmar su personaje, para el que la historia tomó como base los perfiles de cargos militares reales (John Stockton, James F. Hollingsworth y George Patton IV). Duvall cosechó por este papel su segunda nominación al Oscar de reparto. En la edición siguiente, en 1981, el intérprete fue por primera vez candidato en la categoría principal por su papel en la olvidada El gran Santini (El don del coraje), centrada en las relaciones en casa de un duro y rígido piloto que combatió en Vietnam.

Persiguió a Treat Williams en Un millón de dólares en el aire y se reencontró con Robert De Niro en Confesiones verdaderas antes de conseguir el máximo reconocimiento por Gracias y favores (1983), drama de Bruce Beresford escrito por su amigo Horton Foote. El público le conoce por ser Tom Hagen y Bill Kilgore. En contraste, no lo asocia con Mac Sledge, el cantante de country que deseaba rehacer su vida. El Oscar al mejor actor subrayó el recorrido de su papel al mismo tiempo que supuso una manera de honrar sus grandes aportaciones anteriores.
Los 80 de Duvall siguieron con The Stone Boy, El mejor (protagonizada por Robert Redford), El buque-faro, una pequeña aparición en la floja Rescate infernal, Belizaire, Hotel Colonial, la policiaca Colores de guerra, con Sean Penn y dirigida por Dennis Hopper, y la miniserie Lonesome Dove.
Los 90: 'Días de trueno', 'Un día de furia', 'Camino al cielo' y 'Acción civil'

De su larga lista de títulos de inicios de los 90 (Bajo otra bandera, El cuento de la doncella, Convictos, El precio de la ambición, La peste, la biográfica Stalin, Vaya par de amigos, Gerónimo, una leyenda y La pandilla, musical Disney con un juvenil Christian Bale) sobresalen Días de trueno, de Tony Scott y en la que ayudaba a Tom Cruise a pilotar su coche, y Un día de furia, en la que fue Prendergast, el policía a punto de jubilarse que entiende la ira de Michael Douglas.
Participó en la periodística The Paper, en Algo de que hablar, en La letra escarlata, en Phenomenon y en El otro lado de la vida y protagonizó Oro negro, La caza de Eichmann y la emotiva Un asunto de familia, los filmes previos a Camino al cielo (1997), proyecto personal en el que se volcó en la triple faceta de director, guionista y protagonista. Duvall fue nominado al Oscar por su intensa encarnación de un predicador de tormentoso pasado (el asesinato del amante de su mujer) que crea una nueva comunidad en otra localidad. Un retrato que llevaba aparejada la descripción de Estados Unidos.
Colaboró con Robert Altman en la coral Conflicto de intereses, dio lustre al fin del mundo en Deep Impact y volvió a lucirse, logrando además una nueva nominación como secundario, en Acción civil, tenso drama judicial en el que se reencontraba con John Travolta tras Phenomenon.
De 'La noche es nuestra' a 'El juez'

A comienzos de los 2000 estuvo en El sexto día, la película en la que Arnold Schwarzenegger descubría que lo habían clonado, acompañó a Nicolas Cage y Angelina Jolie en 60 segundos y a Denzel Washington en John Q., se embarcó como director y protagonista en Assassination Tango, lideró Camino hacia la gloria, fue Robert E. Lee en Dioses y generales, compartió cartel con Michael Caine en El secreto de los McCann, interpretó al competitivo padre de Will Ferrell en Un entrenador genial y formó parte del elenco de la ácida y satírica Gracias por fumar.
Conviene resaltar su trabajo en Open Range (2003), uno de los tributos de Kevin Costner al western, y también la presencia que desprendía en La noche es nuestra (2007) como jefe de Policía y padre de Mark Wahlberg, agente como él, y de Joaquin Phoenix, el hijo descarriado al frente de un club nocturno frecuentado por la mafia rusa.
Volvió a ejercer de secundario de lujo (Lucky You, Como en casa en ningún sitio y, con más realce, en Jack Reacher, Corazón rebelde y The Road), sorprendió en su rol de anacoreta en El último gran día y volvió a trabajar con Billy Bob Thornton en Infierno en Alabama. Después de ser el rostro de Una noche en el viejo México, la road movie con ecos de western de Emilio Aragón, regaló su último gran papel en El juez (2014).

Su rol de veterano y honorable juez investigado por asesinato y defendido en el proceso por su hijo, un abogado del que está distanciado (Robert Downey Jr.), lo convirtió en el intérprete de mayor edad (tenía 84 años) en ser nominado como actor de reparto en los Oscar.
Después de El juez se animó a realizar un proyecto con el que despedirse de la dirección (Caballos salvajes) y figuró como secundario en Viudas, En lucha incierta y Doce huérfanos. Se retiró en 2022 tras dos pequeños papeles en las producciones Netflix, Garra (sobre el mundo del basket y con Adam Sandler) y Los crímenes de la academia, investigados por Christina Bale junto a un joven Edgar Allan Poe (Harry Melling).
Luciana Pedraza, amor y tango

Duvall, mujeriego en su juventud, tuvo cuatro matrimonios, ninguno con hijos. En 1964 se casó con Barbara Benjamin, bailarina televisiva y después escritora, relación que finalizó en 1975. En 1982 inició etapa conyugal con la actriz Gail Youngs, vínculo que apenas duró cuatro años. Su matrimonio con la coreógrafa Sharon Brophy se prolongó un poco más (1991-1996).
En 1996 entró en su vida la argentina Luciana Pedraza, 41 años más joven y a la que conoció en una panadería de Buenos Aires. Ella, animada por sus amigos, le invitó a una fiesta. La pasión compartida por el tango favoreció la conexión. Duvall y Pedraza demostraron su habilidad para el baile en la cena de gala organizada en la Casa Blanca en 1999 en el marco de la visita del presidente argentino Carlos Menem.
Su atracción por el tango se manifestó en Assassination Tango, en la que bailaba con Pedraza, de la que se enamora su personaje. Luciana, con la que se casó en 2004, también trabajó a su lado en Caballos salvajes.
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