Ya estoy aquí con otra sesión de (NATIONAL PRESENT)de la sección de NATIONAL GEOGRAPHIC.
Esta semana toca hablar Érik el Rojo, el vikingo que colonizó Groenlandia: "La historia de la colonización comenzó con una riña entre vecinos en Islandia". Esta semana va ser curioso le entrada de NATIONAL GEOGRAPHIC vamos a conocer la historia de como fué colonizada Groenlandia ya que esta muy en actualidad por la compra que quiere hacer el presidente de EEUU Donald Trump.

En primera persona
El primer hombre que se estableció en Groenlandia no era danés. Erik el Rojo partió en busca de un nuevo hogar después de ser condenado al exilio en Islandia por asesinato.
La historia de la colonización de Groenlandia comenzó con una riña entre vecinos en Islandia, a 1.400 kilómetros de distancia, que me obligó a dejar mi casa y salir al océano en busca de nuevas tierras donde vivir. Mi nombre es Erik Thorvaldsson, pero todos me conocen como El Rojo, por el color de mi cabellera y mi barba.
Hasta hace apenas tres años era un el próspero propietario de una granja en el interior de un valle cerca de los fiordos occidentales de la Isla de Hielo. Pero el día que varios de mis thralls (siervos ligados a un terrateniente) causaron un derrumbe en la granja de mi vecino Valthjof, mi vida cambió para siempre.
Eyjolf el Inmundo (pariente de Valthjof) mató a mis siervos en represalia por los daños causados. Entonces, yo saqué todo mi carácter pendenciero vikingo y, tomándome la justicia por mi mano, maté a Eyjolf.
Tras este altercado, me trasladé lejos, a la costa noreste de Islandia, para fundar un nuevo hogar. Pero cuando mi vecino Thorgest, que custodiaba los setstokkr (pilares sagrados del clan familiar) que había traído mi padre de Noruega, se negó a devolvérmelos, se desencadenó una espiral de violencia y venganzas incontrolable.
Después de matar a los dos hijos de Thorgest, nos enzarzamos en una guerra entre clanes que terminó en una verdadera batalla campal, tras la cual yo y mis aliados fuimos proscritos de Islandia durante tres años.
Aceptado mi destino, decidí partir hacia el oeste, rumbo a una lejana y misteriosa tierra hacia la que una tormenta había arrastrado al navegante Gunnbjörn Ulfsson ya en las primeras décadas del siglo X, aunque él no se quedó allí.
No soy ni islandés ni danés. El devenir de mi vida está sujeto a continuos viajes, trifulcas y pendencias que me han empujado de un lugar a otro como un vagabundo de los mares. A pesar de ser noruego de nacimiento, muy pronto tuve que abandonar Escandinavia siguiendo a mi padre, que tuvo que exiliarse de nuestro hogar natal condenado por homicidio.
Es por ello que yo crecí en Islandia, como muchos otros vikingos noruegos, a diferencia de los suecos, cuyas migraciones se dirigieron hacia las regiones eslavas o los daneses, que prefirieron avanzar hacia las islas británicas.
La isla está llena de pobladores noruegos que escapaban de la justicia o descendían de los aristócratas que a finales del siglo anterior huyeron de la tiranía de Harald el de los Cabellos Hermosos, unificador y primer rey de Noruega, que sembró un reino del terror contra la nobleza. Criado en una sociedad plenamente noruega trasladada a Islandia, allí me casé con mi hermosa esposa Theodhild y construí la granja de la que me vi obligado a partir contra mi voluntad.
Igual que a mi padre años antes, la voluntad de Odín me puso en el año 982 al frente de decenas de familias. Más de medio millar de personas, junto a nuestros animales y pertrechos, rumbo a la lejana y misteriosa tierra que se encontraba mucho más al oeste.
No fue una travesía fácil, a pesar de que los hombres del norte somos los mejores navegantes y nuestras naves, robustas y maniobrables, pueden adaptarse a las peores condiciones del océano, tan solo 14 de los 25 barcos que partimos de Islandia llegamos a nuestro destino.
Impulsados por el viento que henchía las grandes velas cuadradas de nuestras naves, doblamos el extremo sur de esa gran isla y navegamos por su costa occidental hasta hallar una parte que parecía libre de hielo y, por tanto, presentaba unas condiciones similares a las de Islandia, es decir, donde era posible establecer granjas y asegurar la prosperidad futura.
A pesar de que su nombre evoque una tierra verde, casi toda la extensión de Groenlandia está cubierta por una gruesa capa de hielo desolada, fría y desprovista de cualquier tipo de vida. No sé si estuvo alguna vez habitada, pero desde que llegamos no nos hemos cruzado con un alma. Tampoco hemos encontrado signos de que alguna vez hubiera sido ocupada por seres humanos.
Nuestro grupo se estableció en un fiordo del extremo sur de la isla, al que di el nombre de Eriksfjord. Desde allí, los últimos dos años los hemos dedicado a explorar la costa groenlandesa, colocando topónimos en todas partes como una forma de establecer un control personal del nuevo mundo
En la zona interior del fiordo establecí la residencia de mi propia familia, Brattahlid (Ladera Empinada), a 96 km de mar abierto, resguardada de las inclemencias del tiempo.
Ahora, terminado mi exilio, es hora de regresar a Islandia, pero no para fundar una nueva granja en mi vieja patria, sino para animar a mis compatriotas a acompañarme a mi nuevo hogar, en los helados confines occidentales del mundo.
Bauticé la isla con este nombre convencido de que será más fácil atraer a nuevos colonos islandeses a un lugar que se llame Groenlandia, la tierra verde, que a Islandia, la tierra del hielo y el frío. Juntos, mis hermanos vikingos y nuestros descendientes quien sabe si crearemos aquí una nueva patria.
TODA LA INFORMACIÓN LO HE
ENCONTRADO EN LA PÁGINA
OFICIAL DE NATIONAL GEOGRAPHIC
Pirata Oscar



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