Empiezo algo nuevo que espero que sea interesante para la gente que me quiera leer.
Se me ocurrió la idea de hacer un blog nuevo, donde comentar aspectos de un lugar que es parte de mi vida. Que no se quede en el olvido. Con el tiempo le he añadido información de mi población y otras ciudades cercanas.
Cine, televisión, música y actualidad también tienen cabida en este espacio.
Seguro que de aquí saldrá algo bueno, en este pequeño rincón que abierto con toda mi ilusión.
El
presentador de 'Todo es mentira' y su nueva compañera debutarán en estas
lides en la noche del 31 de diciembre para todos los canales del grupo
Mariló Montero y Risto Mejide en 'Todo es mentira' MEDIASET
Anuncio sorpresa en Mediaset
España: Risto Mejide y Mariló Montero será los encargados
de dar las Campanadas de fin de año el próximo 31 de diciembre en el
grupo. La recién estrenada pareja de presentadores de Todo
es mentira celebrarán así el cierre de 2022 en simulcast para
todos los canales del grupo a excepción de Boing, tomando el relevo de Paz Padilla y Carlos Sobera, los últimos en asumir estas
funciones.
Han sido ellos mismos quienes han anunciado la noticia
durante la emisión de este jueves 27 de octubre. “En los próximos minutos vamos
a interrumpir el programa para contarles lo que les tenemos que contar”, advertía
la navarra, que se incorporó este mismo mes de octubre al programa satírico
para cubrir la baja maternal de Marta Flich. Poco después, anunciaban la
noticia, que tendría, según decían, “repercusiones en toda España”.
Tras alargar el cebo durante la tarde, Risto terminaba por
resolver el misterio: “Este fin de año, Mariló Montero y un servidor vamos a
dar las campanadas en Mediaset”. Montero y él se fundían en un abrazo,
consumando la primera oficialización de presentadores de cara a las próximas
campanadas de Nochevieja.
Mariló Montero, protagonista total en
Mediaset
Para ambos presentadores será la primera vez que despidan el
año en televisión. De hecho, Montero ha reconocido que “siempre hubiera
dicho que no” a una oferta así. La periodista culmina así un fulgurante
ingreso en la nómina de rostros de Mediaset, asumiendo una de las mayores
responsabilidades posibles tras haber llegado hace escasas dos semanas al
formato de sobremesa de Cuatro.
De hecho, nada más llegar ya hizo constar una declaración de intenciones, el lunes 17: “Lo que me
pida Paolo Vasile lo haré”. Ese mismo día se conocía la inminente retirada
del consejero delegado del grupo, tras más de 23 años de mandato. Una salida que se rubricará
a finales de 2022, tal y como oficializó el romano en la reunión del Consejo de
Administración de este miércoles 26.
Desde entonces, cabe decir, su protagonismo ha sido notorio
en todos los canales, con intervenciones (y discusiones) en Sálvame
y Deluxe,
y gozando de importante protagonismo en Todo es mentira desde su debut.
Mediaset España
@mediasetcom
@ristomejide y Mariló Montero presentarán las
Campanadas en Mediaset España
Primeras confirmaciones oficiales de las
Campanadas 2022-2023
Mediaset se adelanta así en la temporada de anuncios de cara
a las Campanadas 2022-2023. Bien es cierto que se da por hecho la
comparecencia, por séptimo año consecutivo, de Cristina Pedroche en
Antena 3, algo que ella misma recordaba hace escasas 24 horas.
Alberto Chicote ha sido su pareja durante las últimas seis ocasiones, en las
que Atresmedia ha acabado logrando dar la vuelta a las métricas y convertirse,
este 31 de diciembre de 2021, en la cadena más vista en el cierre de año:un 37.9% y
7.534.000 televidentes siguieron al canal en el minuto de las uvas, frente al
23.9% y 4.758.000 espectadores.
Telecinco, por su parte, lleva años lejos de la cabeza en
las Campanadas. Las últimas fueron presentadas por Carlos Sobera y Paz
Padilla (que casi acaba perdiéndoselo por la covid-19) desde Vejer de la Frontera (Cádiz). La retransmisión se conformó
con 7.7% y 1.421.000 espectadores, siete décimas y 43.000
espectadores menos que la del año anterior, cuando fueron Sandra Barneda
y Christian Gálvez los responsables de la retransmisión.
El origen de la fiesta de Halloween no es solo celta. En la antigua Roma
existía una celebración similar, el "mundus patet", tres días al año en
los que las almas difuntas volvían a la tierra.
Imagen: Museo Archeologico di Napoli (CC)
Es bastante conocido que Halloween deriva de una antigua festividad celta,
el Samhain, pero ese no es su único origen. La popular celebración toma
elementos de diversas culturas europeas y tiene muchos paralelismos con
una antigua tradición romana, el mundus patet, que al igual que el Samhain estaba ligado a la estación de la cosecha.
La entrada al mundo de los muertos
La expresión mundus patet significa “mundo abierto” y se refiere al Mundus Cereris,
un edificio de piedra situado en el foro. Es una de las construcciones
más antiguas de Roma y marcaba el centro exacto de la ciudad. Se creía que ese era el punto de conexión entre el mundo de los vivos y el de los muertos,
por lo que la mayoría del tiempo su entrada permanecía sellada por una
gran losa que solo se retiraba en tres ocasiones al año: el 24 de
agosto, el 5 de octubre y el 8 de noviembre.
Los diversos autores romanos ofrecen
indicaciones contradictorias sobre la ubicación del Mundus Cereris, pero
por sus características se suele identificar como el edificio de
ladrillo también conocido como "Umbilicus urbis" (el ombligo de la
ciudad), situado en el foro romano.
Foto: CC : https://bit.ly/34X4zE5
Las fechas no eran casuales, ya que coincidían con días dedicados a
divinidades del inframundo. Aunque por regla general esa entrada debía
estar cerrada, los romanos creían que en ciertas fechas señaladas se debía permitir a los manes (las almas de los ancestros) volver a la tierra
para ganarse su favor, ya que estos protegían a la familia y
garantizaban su prosperidad. Sin embargo, en dichas ocasiones los vivos
debían ser muy cautelosos, ya que dicha puerta al inframundo estaba
abierta y podían ser arrastrados a él.
Los romanos
creían que en ciertas fechas señaladas se debía permitir a las almas de
los ancestros volver a la tierra, pero en dichas ocasiones los vivos
debían ser muy cautelosos.
Según Catón el Viejo, los días en los que el mundus estaba abierto (en latín, mundus patet),
quedaban suspendidos todos los actos oficiales y cualquier actividad
militar; las puertas de los templos debían permanecer cerradas; estaban
prohibidos los matrimonios y mantener relaciones sexuales -aunque esto
último era difícil de controlar, al menos los lupanares se cerraban-, ya
que las almas de los muertos podían sentir envidia y arrastrar las
mujeres a la muerte; y se debía evitar cualquier actividad que no fuera estrictamente necesaria.
Las divinidades del inframundo
El Mundus Cereris tenía una gran importancia simbólica para los romanos, ya que se consideraba el lugar exacto donde había nacido Roma.
Según la leyenda Rómulo, el mítico fundador de la ciudad, lo había
erigido para apaciguar el alma de su hermano Remo, al que había dado
muerte; y lo había consagrado a Ceres, que era la diosa de la tierra y
la agricultura pero también guardaba una estrecha relación con el
inframundo.
El mundus patet formaba parte de
un conjunto más amplio de celebraciones relacionadas con el inframundo.
Los romanos creían que el mundo de los vivos necesitaba de una conexión
con el de los muertos para sobrevivir.
Los romanos creían que, así como las plantas toman nutrientes de la tierra para crecer, también el mundo de los vivos necesitaba de una conexión con el inframundo para sobrevivir. Por una parte, había que honrar a los manes para
que protegieran a sus descendientes; por otra, se debía venerar a las
divinidades de la tierra (como Ceres, diosa de la agricultura, o
Vulcano, dios de los volcanes) para que esta siguiera dando sus
bendiciones y no ocurrieran desastres naturales.
De hecho el mundus patet formaba parte de un conjunto más amplio de celebraciones relacionadas con el inframundo.
Los diversos autores romanos discrepan en muchos aspectos acerca de
estos ritos, ya que se remontan a los primeros tiempos de la ciudad,
posiblemente incluso antes de su fundación. Sus características apuntan a
un probable origen etrusco y al ancestral culto mediterráneo a la Diosa
Madre, de la cual deriva Ceres.
Similitudes con Halloween
La concepción romana del mundo de los muertos y de las criaturas malignas que lo habitaban guarda muchas similitudes con Halloween. Así como los lares eran espíritus benévolos, existían también espíritus malvados, llamados larvae y maniae:
las fuentes romanas describen a los primeros como “espectros que se
alimentan de la vida de los mortales”, mientras que los segundos tenían
el aspecto de “horribles esqueletos que encienden la locura en los
vivos”.
Estaban también los temidos lemures, almas que no conseguían encontrar reposo a causa de su muerte violenta y seguían vagando por la tierra atormentando a los vivos.
Su aspecto y comportamiento corresponde a lo que hoy llamaríamos
fantasmas, pero también guardan similitudes con los vampiros ya que, al
contrario que otros seres del inframundo, los lemures eran
específicamente nocturnos y su propio nombre significa “espíritus de la
noche”. Existía una fiesta dedicada específicamente a apaciguarlos, las Lemuralia, que tenía lugar los días 9, 11 y 13 de mayo.
La
concepción romana del mundo de los muertos y de las criaturas malignas
que lo habitaban guarda muchas similitudes con Halloween.
Un caso especial ocurre con las brujas,
que en la tradición cristiana han sido asociadas siempre al mal,
mientras que en el mundo romano tenían una posición más ambivalente. Eran sacerdotisas iniciadas en los misterios de la magia, que podían usar igualmente para el bien o para el mal. La literatura da fe de que los romanos
las temían por sus supuestos poderes y en particular por su
conocimiento de la nigromancia, la magia de la muerte, con la que se
creía que podían robar la vida de los recién nacidos (de ahí el tópico
literario de que las brujas odian a los niños). Pero en ese miedo había
también un cierto respeto por sus supuestos poderes de adivinación y
mediación con los muertos y se creía que los regalos preparados
por ellas, especialmente los dulces, ayudaban a apaciguar a los
espíritus malvados para que dejaran en paz a los vivos: el famoso “truco o trato”.
Aunque la historiografia tiende a presentar a romanos y celtas como enemigos -y ciertamente lo fueron-, ambas culturas también influyeron una en la otra.
Muchas de las tradiciones romanas más antiguas estaban vinculadas a la
cosecha y al paso de las estaciones, puesto que mucho antes de
convertirse en un imperio Roma fue un pueblo de agricultores y ganaderos
igual que los celtas. Ambos compartían la convicción de que había que
agradecer las bendiciones que les daba la tierra y compartirlas con los
antepasados, permitiéndoles de vez en cuando regresar al mundo de los
vivos y si era necesario, sobornarlos con algún dulce.
Samhain, la festividad celta que dio origen a Halloween
La actual fiesta de Halloween tiene su origen en un festival celta
conocido como Samhain. Este daba inicio al invierno y se consideraba un
momento en el que se rompía la barrera entre el mundo humano y el
sobrenatural, permitiendo a los espíritus acercarse a las casas.
La antigua religión de los celtas es un muchos aspectos desconocida: sus tradiciones se transmitían oralmente a través de los druidas
y sus detalles se perdieron con la desaparición de estos. Pero algunas
se transformaron y dieron origen a festividades actuales como Halloween,
que en muchos aspectos bebe del que fue uno de los festivales celtas más importantes, el Samhain.
Un festival para cada estación
El Samhain era uno de los cuatro festivales anuales que celebraban el inicio de las estaciones,
aunque estas no se definían según los equinoccios y solsticios sino de
acorde a los ciclos agrícolas y ganaderos; y cada uno tenía un
significado preciso.
Imbolc caía
a principios de febrero y celebraba el inicio de la primavera, no desde
el punto de vista astronómico sino asociándolo con la fertilidad, pues
era cuando empezaba la época de parto de los animales.
Bealtaine o Beltane tenía lugar en mayo y festejaba el inicio del verano, cuando los rebaños subían a los pastos más altos.
Lughnasa se celebraba en agosto y daba inicio a la época de cosecha.
Samhain tenía
lugar a inicios de noviembre y era seguramente el más importante,
puesto que celebraba el final de la época de cosecha, así como la bajada
de los rebaños a los pastos invernales.
El Samhain y la barrera sobrenatural
En
todas estas ocasiones, pero especialmente durante el Samhain, se
consideraba que la barrera que separaba el mundo humano del sobrenatural
se difuminaba, y los habitantes del uno o del otro podían mezclarse.
Por una parte, en esos momentos del año los espíritus de los familiares difuntos regresaban al hogar,
por lo que se les procuraba una buena acogida: se creía que si se
sentían bien recibidos protegerían a la familia y a sus rebaños,
mientras que si eran olvidados o tratados con descortesía podían
transformarse en espíritus vengativos que causarían desgracias.
Por
esta razón, se preparaba un lugar para ellos en la mesa de celebración
con ofrendas de comida y bebida para que se sintieran bien acogidos.
También se encendían hogueras y se celebraban competiciones en su honor.
El origen del "truco o trato" en el Samhain
Pero
no solo los familiares difuntos cruzaban al mundo de los vivos. También
los espíritus de la naturaleza se acercaban al mundo de los humanos,
escapando de los campos baldíos de invierno. Era importante ganarse el favor de estos espíritus
y procurar no contrariarlos, para que no provocaran desgracias y
especialmente para que no tomasen para sí los animales domésticos: si
estos morían durante el invierno, se podía pensar que había sido obra de
dichos espíritus hambrientos.
De ahí nació el actual “truco o trato”,
la costumbre de disfrazarse e ir casa por casa pidiendo dulces, que
tendría su origen en las ofrendas de comida y bebida que las personas
dejaban para los espíritus en las puertas de las casas.
Por su parte, el disfraz consistía simplemente en pieles de animales y en un maquillaje a base de cenizas; su propósito era conseguir una apariencia cercana a los seres sobrenaturales
para no ser atacado por estos. También se creía que, de este modo, los
más atrevidos podrían acceder a las cuevas donde vivían y en las que se
escondían toda clase de maravillas; algunos podrían incluso encontrar
una pareja entre las criaturas sobrenaturales, aunque no está claro si
esto era una fortuna o no.
Disfraz de Mari Lwyd, una criatura del folklore gaélico.
Foto: R. Fiend (CC)
El origen moderno de Halloween
La tradición moderna tiene sus
orígenes en el siglo XVI. En algunas zonas de cultura gaélica
(principalmente Gales y Escocia) los jóvenes se disfrazaban de una
criatura llamada Mari Lwyd o Láir Bhán, una especie de fantasma equino,
usando una sábana y un cráneo de caballo o de yegua. En la víspera de
la festividad de Todos los Santos, recorrían las granjas de la zona
pidiendo ofrendas de comida, amenazando con traer desgracias al granjero
que rehusara la petición.
Esta tradición rural, con la migración a las ciudades, se transformó en el actual “truco o trato”, en el cual la amenaza del fantasmagórico espíritu equino se transformaba en una broma más o menos pesada.
Especialmente en México y en varios países de Latinoamérica, el Día de
Muertos es una de las tradiciones más representativas del otoño. Esta
celebración para recordar a los familiares fallecidos surgió de una
mezcla única de tradiciones indígenas y cristianas después del siglo XV.
Foto: iStock / FamVeld
Halloween, Noche de Finaos, castañadas, Magosto... Entre las
celebraciones en recuerdo de los difuntos que se celebran en todo el
mundo, el Día de Muertos es seguramente una de las más
coloridas y alegres, una forma única de recordar a los familiares
fallecidos. Esta tradición hispanoamericana hunde sus raíces en
costumbres precristianas que, tal como había sucedido en Europa durante
la cristianización del Imperio Romano, fueron moldeadas por los evangelizadores hasta dar lugar a una celebración mestiza y única en el mundo.
El Día de Muertos es originario de la región mesoamericana,
aunque también se ha extendido a algunos países de Sudamérica. Pero es
en México donde está más arraigada y es más espectacular, con grandes
celebraciones públicas que algunos critican como una deriva comercial de
lo que debería ser una fiesta familiar para recordar a los seres
queridos.
El origen del Día de Muertos
Ya
antes de la llegada de los europeos, los pueblos mesoamericanos
realizaban sus propias celebraciones en honor a los difuntos. El Día de Muertos tiene su origen en las culturas nahuasy en particular la mexica,
que a lo largo del año tenía una serie de fechas dedicadas a ellos. Es
posible que sus raíces sean incluso más antiguas y que los mexicas las
hubieran adoptado de los pueblos que les precedieron.
Aunque se
conoce poco de estas celebraciones y por lo que se sabe no tenían muchos
parecidos con la actual, sí que estaban presentes algunos elementos
centrales del Día de Muertos, como la costumbre de colocar un altar con ofrendas a los difuntos.
Sin embargo, mientras que en la actualidad la comida tiene un papel
protagonista, las ofrendas de la tradición mexica eran muy variadas e
incluían también ropa, mantas, algodón o perfumes, entre otros. También
se acompañaba con objetos que el difunto hubiera apreciado en vida.
Cachorro de raza Xoloitzcuintle.
Foto: iStock / SergeyTikhomirov
El objetivo era, por una parte, que este dispusiera de todo lo
necesario para su viaje por el Más Allá, y por otra proporcionarle
ofrendas generosas para los dioses que encontraría al final de su viaje.
Con el objetivo de acompañarle se sacrificaba a un perro Xoloitzcuintle,
una raza autóctona cuyo nombre en lengua náhuatl significa "perro
sirviente", endémica de la región mesoamericana y reconocible por su
ausencia de pelaje: esta raza se asociaba con el dios de la muerte
Xólotl, por lo que los mexicas creían que podía guiar y proteger al
difunto de las criaturas infernales.
Una tradición mestiza
Los misioneros europeos encontraron en estas costumbres varios elementos inaceptables por la doctrina cristiana,
empezando por el sacrificio de los perros, que desaparecieron por
completo. Otros, sin embargo, eran más o menos asimilables a la
celebración cristiana de Todos los Santos, principalmente el altar de
muertos y las ofrendas de comida.
La costumbre de tener un altar doméstico para los difuntos
era aceptable, sobre todo al ser provisional. Los elementos que lo
componían en la tradición mexica fueron sustituidos por otros usados en
la liturgia cristiana, como las velas o las flores, de modo que para los
indígenas mantenía su significado a la vez que adoptaba un aspecto más
cristiano. Por su parte, las ofrendas de comida se mantenían aunque con
la aportación de nuevos ingredientes procedentes de Europa.
Altar típico del Día de Muertos. En el
centro se coloca una fotografía del difunto, acompañada de todos los
elementos característicos de la fiesta: pan de muerto y otros alimentos,
velas, flores, papel picado y calaveras pintadas.
Foto: iStock / agcuesta
El alimento más característico de esta fiesta, el pan de muerto, es un ejemplo de este mestizaje gastronómico.
Su origen es una mezcla de las tortas de maíz que ofrecían los mexicas a
sus difuntos y de un producto europeo que antiguamente formaba parte de
las celebraciones de Todos los Santos: el llamado pan de ánimas, un
panecillo dulce con muchas variantes según la región. El pan era un
alimento central en la liturgia cristiana al asociarse con el cuerpo de
Cristo, por lo que su presencia en una festividad dedicada a los
difuntos era no solamente lógica sino también deseable.
La Catrina, un icono del Día de Muertos
No
obstante, con el tiempo se añadieron otros elementos nuevos que no
pertenecían ni a la tradición mexica ni a la cristiana, aunque
aparentemente guardaban alguna relación con la primera. El más significativo son las calaveras pintadas,
que a pesar de que podían recordar a los sacrificios realizados en
épocas precolombinas, tienen otro significado: que el difunto, al volver
a la tierra por unas horas, se sienta cómodo al encontrar la casa
decorada con rostros semejantes al suyo (puesto que él mismo será un
esqueleto).
Pareja disfrazada de Catrín y Catrina
Foto: iStock / znm
Su popularidad aumentó especialmente en el siglo XX con la figura de la Catrina, un esqueleto de mujer vestida de forma ostentosa,
que caricaturizaba a la gente de clase alta. Apareció por primera vez
en 1912 en un dibujo del muralista José Guadalupe Posada y en su origen
era conocida como “la Calavera Garbancera”, un nombre que parodiaba a
los vendedores de garbanzos que se vestían a la europea para aparentar
ser ricos. En 1947, el artista Diego Rivera la rebautizó como Catrina;
es decir, una mujer que viste de forma lujosa.
La Catrina y su contraparte masculina, el Catrín,
se han convertido en uno de los símbolos del Día de Muertos. Son un
recordatorio de que la vida es transitoria para todos sin importar la
riqueza o la clase social y que, como señaló el propio Posada, “la
muerte es democrática, ya que a fin de cuentas, güera, morena, rica o
pobre, toda la gente acaba siendo calavera”. Aunque sea un día dedicado a
los difuntos, el alma del Día de Muertos es, al fin y al cabo,
disfrutar de la vida mientras se pueda y especialmente disfrutarla junto
a la familia, incluyendo a aquellos que ya no están.
El origen de halloween, la historia de la fiesta más terrorífica
Los inicios de la fiesta de Halloween están ligados a la celebración del
día de Todos los Santos, pero sus orígenes se hunden en festividades
celtas como el samhain, que celebraba el fin de la cosecha, el recuerdo
de los familiares difuntos y el mundo de los espíritus.
Foto: Istock
Truco o trato, calabazas, vampiros, brujas, esqueletos… Halloween es hoy en día, gracias a la industria del entretenimiento de masas norteamericana, una celebración cada vez más arraigada en todos los rincones del mundo.
La palabra procede de la expresión “All Hallow Eve” (víspera de Todos
los Santos) y su origen está muy relacionado con esta tradición
cristiana, pero también con creencias paganas celtas y romanas que celebraban el fin de la cosecha y el recuerdo de los familiares difuntos: el samhain y el mundus patet.
Halloween
mezcla el recuerdo a los difuntos y el consumo de frutos de otoño,
típicas de las celebraciones de estas épocas con otras prácticas
“modernas”, como el famoso truco o trato o la veneración por monstruos
como Drácula o Frankenstein, que el cine han acabado convirtiendo en un fenómeno global.
Samhain, la milenaria fiesta celta
El equinoccio de otoño ha supuesto desde tiempos inmemoriales un cambio decisivo en el hemisferio norte:
en el progresivo paso del verano al otoño la luz vespertina declina, se
agitan los cielos y la naturaleza brinda sus últimos frutos del año
antes de adormecerse y sumirse en el silencio y la oscuridad del
invierno.
Halloween mezcla el tradicional recuerdo a
los difuntos y al mundo de ultratumba con prácticas modernas como el
truco. O trato, originado a inicios del siglo XX.
Este proceso cristalizaba en el mundo celta en el samhain, una festividad de origen druídico
celebrada entre el crepúsculo del 31 de octubre y el del 1 de noviembre
y que señalaba el inicio del invierno y el año nuevo. Durante este
período, los celtas aplazaban su trabajo cotidiano y las leyes de la naturaleza quedaban en suspenso;
los humanos podían visitar el mundo de los muertos y los difuntos
podían recorrer la tierra, los demonios se manifestaban y las hadas
revoloteaban. En el umbral de las casas depositaban viandas para
ofrecerlas a los malos espíritus, de ahí podría proceder el “truco o trato” de Halloween, la costumbre infantil de recorrer los hogares pidiendo dulces.
El cat sith es un personaje del folklore
celta, un gato negro on una mancha blanca en el pecho. La gente de las
Tierras Altas de Escocia creía que podía robar el alma de un
difunto antes de que los dioses la reclamaran.
Mundus patet, el día de difuntos romano
La expresión mundus patet significa “mundo abierto” y se refiere al Mundus Cereris, una de las construcciones más antiguas de Roma, que marcaba el centro exacto de la ciudad y el punto de conexión entre el mundo de los vivos y el de los muertos,
por lo que su entrada permanecía sellada y solo se abría en tres
ocasiones al año: el 24 de agosto, el 5 de octubre y el 8 de noviembre,
cuando las almas difuntas volvían a la tierra.
En el mundo de ultratumba romano existían espíritus malvados que guardan razonables parecidos con el imaginario desarrollado en Halloween. Las fuentes escritas hablan por ejemplo de los larvae, espíritus “que se alimentan de la vida de los mortales” y los maniae, seres que tenían el aspecto de “horribles esqueletos que encienden la locura en los vivos”.
El día de Todos los Santos
La
fiesta de Todos los Santos tiene su origen en la creencia de la Iglesia
primitiva que los mártires merecían un día en que se recordara su
sacrificio, lo que llevó al papa Bonifacio IV a establecer en el siglo
VII un día para la conmemoración de todos los mártires del cristianismo
el 13 de mayo. Un siglo más tarde, el papa Gregorio III extendió
esta celebración a todos los Santos de la Iglesia católica y la
trasladó a su fecha actual, el 1 de noviembre.
El
día de recuerdo a los mártires muertos por el cristianismo, que se
celebraba en primavera se amplió a todos los santos y fur cambiado al 1
de noviembre con la intención de suplantar las fiestas paganas de los
difuntos.
Las antorchas de Nerón, del pintor Henryk
Siemiradzki, recrea el martirio de los primeros cristianos, quemados
vivos a centenares después de que el emperador los declarara culpables
del incendio que asoló Roma en el año 64.
Foto: Museo Nacional de Cracovia
Parece evidente que la elección de esta fecha estaría relacionada con el intento de suplantar las fiestas paganas de los difuntos como el samhain celta o el mundus patet
romano, en cuyos territorios la Iglesia se había extendido adaptando
sus ritos a las creencias anteriores. Así, alrededor del 1 de noviembre
aparecieron otras celebraciones, como Halloween, la víspera, o el día de
difuntos, al día siguiente, que acabaron fusionándose con la
celebración original.
Halloween, víspera de Todos los Santos
En
la Inglaterra medieval la palabra hallow, que en la actualidad designa
algo sagrado, se usaba como sinónimo de saint (santo) y la festividad
era conocida como All Hallows. La víspera de ese día se convirtió en una
celebración por sí misma, All Hallows Eve, que a finales de la Edad Media se habían fusionado con el día sagrado.
La Reforma protestante puso fin a la festividad de Todos los Santos entre los protestantes
–básicamente las iglesias reformistas abolieron la figura católica del
santo–, pero en Gran Bretaña Halloween continuó celebrándose como una
festividad secular.
De Europa a América
Desposeído de su vertiente religiosa, Halloween recuperó los aspectos más paganos del culto a los espíritus de ultratumba y los difuntos
y de celebración del fin de la cosecha y la preparación para el duro
invierno. La festividad pasó al continente americano. Aunque Halloween
estuvo en gran medida prohibido entre los primeros colonos
estadounidenses, la nueva sociedad norteamericana, formada por
comunidades fuertemente tradicionales y agrarias, desarrolló sus propias
tradiciones y festivales, como el Día de Acción de Gracias,
muy ligados a la cosecha y que incorporaban elementos de Halloween. La
inmigración masiva a partir del siglo XIX, sobre todo irlandesa, llevó
consigo sus costumbres de Halloween y en el siglo XX, la fiesta se
convirtió en una de las principales de los Estados Unidos, especialmente entre los niños.
De esta manera, Halloween ha llegado hasta nuestros días como la fiesta de las calabazas, fruto típico de otoño, el truco o trato
o los gatos negros y las brujas, seres terroríficos y de mal augurio
que por una noche pierden su halo terrorífico para convertirse en parte
de divertidas fiestas por todo el mundo.
Uno de los elementos más característicos de Halloween es la llamada Jack
o'lantern, una calabaza vaciada y con cara, en cuyo interior se coloca
una vela. Esta es una tradición relativamente reciente y, al principio,
ni siquiera era una calabaza.
Foto: iStock / insta_photos
Halloween no es Halloween sin calabazas, preferentemente con cara. La
hortaliza hueca con un rostro siniestro es el símbolo más reconocible
de esta fiesta y hasta tiene nombre propio: Jack o'lantern.
Pero al contrario que otros elementos de la festividad, este es
relativamente reciente: se remonta al siglo XIX y, además, al principio
ni siquiera era una calabaza, sino un nabo.
El cuento de Jack el Tacaño
Para entender esta tradición hay que remontarse hasta 1836, cuando en el periódico irlandés Dublin Penny Journal se publicó un cuento titulado Stingy Jack (Jack el Tacaño). Este trataba de un hombre borracho y tacaño pero muy astuto llamado Jack, que por intentar ser más listo que el Diablo pagó un alto precio.
Según
la historia, hace muchos siglos vivía en Irlanda un borracho astuto y
manipulador llamado Jack. Su mala fama era tal que despertó la
curiosidad del mismísimo Diablo, quien decidió visitarle para comprobar
personalmente si esa reputación era cierta: así, se presentó una noche
ante Jack diciéndole que había venido a llevarse su alma. Este, a pesar
de estar borracho como siempre, ideó un plan y le convenció para que le permitiera tomarse una última cerveza.
El Diablo, que no se
fiaba, adoptó la apariencia de un hombre y lo acompañó a un bar, pero
cuando llegó el momento de pagar Jack dijo que no llevaba dinero y pidió
a su acompañante que se transformase en una moneda y, cuando el
propietario no mirase, volviera a su forma real y se reuniera con él. El
Diablo así lo hizo pero Jack, en vez de pagar con la moneda en la que
se había transformado, se la metió en el bolsillo donde llevaba un
crucifijo, impidiendo que el Diablo recuperase su forma. A cambio de
liberarle, Jack pidió al Diablo que le perdonase la vida por otros diez años.
Jack
el Tacaño era un borracho muy astuto que creía ser más listo que el
mismo Diablo. Pero sus tretas al final le salieron caras.
Humillado
y deseoso de tomarse la revancha, el Diablo se presentó de nuevo ante
Jack al cabo de una década. Pero de nuevo subestimó a aquel borracho y
accedió a un último deseo: dejarle comer una manzana de un árbol
cercano. Después de haber subido a las ramas, lanzó crucifijos a los
pies del Diablo, inmovilizándolo. Este no tuvo más remedio que aceptar
de nuevo las exigencias de Jack, quien esta vez le hizo prometer que nunca se llevaría su alma al Infierno. Harto de aquel hombre, accedió y nunca volvió a por él.
Sin
embargo, lo que el Diablo no había logrado lo consiguió el alcohol, y
llegó el día que Jack murió enfermo a causa de sus excesos. Debido a su
comportamiento en vida, Dios le negó la entrada al Cielo: entonces fue
él mismo quien se dirigió a las puertas del Infierno para pedir a su
viejo némesis que le permitiera entrar… pero el Diablo le recordó su
promesa de que nunca se llevaría su alma al Infierno: el precio por
haberle engañado sería vagar eternamente sin ser admitido en ningún
lugar. Como única posesión, el Diablo le entregó un farolillo fabricado con un nabo en cuyo interior ardía una brasa eterna, para que alumbrara su camino.
Jack o'lantern típico irlandés fabricado con un nabo. Museum of Country Life, Turlough (Irlanda).
Foto: rannṗáirtí anaiṫnid
Nabos y calabazas
Así empezó en Irlanda, y en menor medida en Gran Bretaña, la tradición de las Jack o'lanterns,
farolillos fabricados con nabos que se colocaban para adornar las casas
en la vigilia de Todos los Santos, que es lo que originalmente
significa Halloween (una contracción de “All Hallows Eve”). La hortaliza con una cara grabada simbolizaba al protagonista del cuento (Jack of the lantern,
Jack el del farolillo) quien, con su astucia, había mantenido lejos de
él al mismísimo Diablo. Según las antiguas creencias celtas, en aquella
noche los seres sobrenaturales vagaban por el mundo de los vivos, una
creencia que perduraba aún después de siglos de cristianismo, por lo que
la gente creía que aquellos grotescos amuletos mantendrían a los malos espíritus lejos de sus casas.
"El Caballero sin Cabeza persiguiendo a Ichabod Crane" (1858), John Quidor.
Foto: Smithsonian American Art Museum
La tradición fue llevada a Estados Unidos por los emigrantes
irlandeses que, desde el siglo XIX, se instalaron en Estados Unidos en
grandes números. Allí se mezcló con una costumbre local: los niños vaciaban calabazas
y abrían agujeros a la altura de los ojos para usarlas como máscaras.
Dicha práctica ya está documentada incluso desde antes de la publicación
del cuento de Jack: este fue publicado en 1836, pero en 1834 ya se
mencionan las máscaras a base de calabazas. La razón se debe, de nuevo, a
la literatura: en 1820 se publicó la historia de Washington Irving La leyenda de Sleepy Hollow,
un cuento gótico sobre el fantasma de un soldado de la Guerra de
Independencia que, supuestamente, cabalga por la noche en busca de su
cabeza perdida, usando una calabaza en su lugar hasta que pueda
encontrarla.
Ambas costumbres se mezclaron y, así, los nabos con los que se fabricaban las Jack o'lanterns
fueron sustituidos por calabazas. La hortaliza es nativa de
Norteamérica y ya tenía una gran presencia en la gastronomía del país:
de este modo, al vaciarla, se aprovechaba el interior para preparar platos típicos a base de calabaza,
como pasteles o galletas. Aunque también se siguieron utilizando nabos y
otras hortalizas, finalmente fue esta la que perduró en la tradición y
que, casi dos siglos después, se ha convertido en el símbolo de
Halloween.